El debate de investidura saca a flote las contradicciones y la basura del capitalismo

La semana pasada se celebró, más de dos meses después de las elecciones realizadas el pasado 20 de diciembre, el debate de investidura. Un debate de investidura fallido en el que el candidato planteado a dedo por el Jefe del Estado, heredado el cargo por ser hijo del anterior Jefe del Estado puesto a dedo por el criminal Franco, no ha conseguido el apoyo necesario de la cámara para hacer gobierno; abriéndose un periodo de dos meses para que los partidos del sistema conformen un gobierno. Este hecho nuevamente muestra la situación de ingobernabilidad existente tras el 20 de diciembre y cómo la crisis del capitalismo no sólo se muestra en el ámbito de la economía, sino de todos los ámbitos de la vida capitalista en el estado español, como se comprueba en la crisis política e institucional que vive el régimen nacido del franquismo. Esta descomposición del capitalismo putrefacto en el estado español es una de las formas en las que se manifiesta, a nivel mundial, la crisis general del capitalismo, que nació con la Primera Guerra Mundial, y la Gran y Gloriosa Revolución de Octubre, y que hoy perdura, y perdurará hasta la victoria definitiva del socialismo.

Pero si algo ha dejado bien claro este debate de investidura es que la Reforma que convirtió una dictadura criminal, como el franquismo, en una democracia burguesa integrada en el seno de las agrupaciones internacionales de imperialistas, como la UE y la OTAN, así como el control del mantenimiento de la maquinaria del estado franquista bajo formas democráticas; lo que se ha llamado Transición sustentada por fascistas y oportunistas, se ha demostrado un fraude y se  halla en bancarrota siendo la expresión de la incapacidad de la burguesía para dar salida a los problemas que azotan a la sociedad española; demostrándose esa democracia burguesa incapaz de resolver los problemas que, supuestamente, la Transición y su componenda democrática debía haber solventado. El debate de investidura ha dejado bien claro que, tras cuarenta años de muerto el dictador, la situación del pueblo y de crisis del capitalismo perdura y se agudizan las contradicciones, estando todo corrompido y dejando bien a las claras que la única vía de solución que tiene la sociedad, el proletariado y demás clases populares, no puede venir de la mano del capitalismo ni de la burguesía, sino de la mano de  otro sistema económico y social: El Socialismo y la Dictadura del Proletariado.

Los sucesivos gobiernos de PP y PSOE, fieles lacayos de la burguesía monopolista, han mantenido a lo largo de estas más de tres décadas de democracia burguesa la maquinaria del poder burgués y su dirección económica, el capitalismo monopolista de Estado, de tal modo que la banca privada, fusionada con el capital industrial e integrada con el capital internacional, sean quienes dirijan, sin control alguno con los estados a su servicio, y planifiquen la economía, estando el estado a su servicio como instrumento redistribuidor de la riqueza a favor de ellos, como se ha podido ver en España, por ejemplo, con la modificación del artículo 135 donde toda la economía del país está subordinado a los intereses de la oligarquía, implicando todo ello que la desigualdad rompa récords y el incremento de la depauperación.

Las cifras de desempleo y la situación económica en el estado español hoy es bastante peor que cuando se inició el periodo de transición. La tasa de paro en 1976 estaba por debajo del 5% en el estado español y en torno al medio millón de parados, mientras que actualmente el paro supera el 20% y cuentan sus filas con más de 5 millones de parados fruto de procesos de reconversión, de privatizaciones, procesos de internacionalización de la economía – consistentes en dar dinero a los empresarios para que éstos se lleven el capital y la producción fuera del estado -, con la firma y apoyo de los traidores sindicatos CCOO y UGT,   y de desarrollo y ensanchamiento de los monopolios cuyo vigor crece de manera directamente proporcional al crecimiento de la desigualdad, la precariedad y el desempleo, todos ellos hijos de la democracia burguesa y la Transición.   La crisis económica ha profundizado a lo largo de este período democrático, donde el estado no sólo está quebrado económicamente, sino que ha ido siendo troceado y vendido a precio de regalo a la burguesía a través de sus instrumentos PP, PSOE así como los partidos nacionalistas  – ERC, CiU o PNV -, con lo que la política privatizadora, no cuestionada jamás, poco recorrido le queda en tanto que el estado es ya un solar, lo único que les queda, y ya lo están haciendo progresivamente, es privatizar las pensiones, la sanidad y la educación.  Además, la integración en el club imperialista europeo, ha hecho que competencias económicas, como la política monetaria, hayan sido cedidas a esa agrupación de los monopolios europeos llamada UE, que no dudan en desarrollar unas políticas a favor de las multinacionales y contrarias a las clases populares. No obstante, el capitalismo, las agrupaciones internacionales de oligarcas, el orden mundial no es en absoluto cuestionado por aquéllos que participan desde los escaños del Congreso.

El debate de investidura también mostró uno de los rostros de ese proceso de democratización del Régimen Franquista llamado Transición, y de la calidad democrática del estado español, de ese del que fascistas y oportunistas están tan orgullosos y que tanto halagan los estómagos agradecidos de la prensa burguesa. Pablo Iglesias señaló literalmente, en referencia a los gobiernos del PSOE de Felipe González, que “Su partido fue también el partido del crimen de Estado. Desconfíe señor Sánchez, de los consejos de aquéllos que tienen manchado su pasado de cal viva”, algo que evidentemente es cierto, lo que hace totalmente incomprensible que precisamente el partido de Iglesias pretenda tejer un gobierno con el Partido del Gal y la corrupción y que es ‘casta’, justamente en el mismo momento que el preso político Otegi salía de la cárcel, en la que hay encerrados presos políticos comunistas, independentistas, sindicalistas, etcétera, y que dejan bien patente que el estado burgués, independientemente de su forma fascista o democrático burguesa- en el caso del estado español, el franquismo reformado –  es la violencia organizada contra el pueblo, cuyo monopolio lo tiene la burguesía. Esta democracia burguesa, hija de la Transición ha sido escrita en letras de sangre de la clase obrera, a golpe de represión en los centros de trabajo, en las calles, y de acción terrorista de Batallones Vasco-Españoles, triples A y GAL. La última legislatura del Partido Popular –  partido fundado por exministros franquistas algunos de ellos con las manos manchadas de sangre obrera, y a los que el actual estado protege desoyendo órdenes de detención de la Justicia argentina – ha hecho que en términos represivos la democracia burguesa española vuelva a los orígenes, con leyes mordazas, liquidación de la negociación colectiva y potenciación del sindicato vertical – CCOO y UGT -, y leyes sobre seguridad privada que otorgan a la policía privada del burgués capacidades propias de un régimen reaccionario que se confunde, cada vez más con el fascismo, y que persiguen la ilegalización de la clase obrera.

Hablando de calidad democrática, nos hallamos ante un sistema electoral donde los votos no valen igual y que está ideado para que los dos partidos de la burguesía , con un respaldo mínimo, puedan imponer su voluntad. Una democracia que niega el derecho democrático de la autodeterminación de los naciones, como la vasca, gallega o catalana. La Transición y su democracia no ha satisfecho las reivindicaciones democráticas de esas naciones, de hecho se les ha negado en aras del principio franquista de la sacrosanta unidad de España en los términos que concibe la burguesía monopolista, la que hoy dirige la España democrática que es la misma que dirigía la España franquista. La no resolución de la cuestión nacional, la negación del derecho de autodeterminación al País Vasco, Galicia y Cataluña ha tenido como resultado el enconamiento y acrecentamiento del conflicto nacional. En Cataluña hay abierto un proceso que pretende culminar con el alumbramiento de la República Catalana, y que el debate de investidura mostró en su crudeza con las intervenciones de las fuerzas nacionalistas, intervenciones que también visualizaron las líneas de fractura de dichas fuerzas, pues mientras ERC defiende la línea independentista de manera decidida, la nueva criatura de la corrupta CDC apoyaría y parece conformarse con un referéndum pactado. A ello, deben añadirse la posición expresada por Otegi en Anoeta el pasado 5 de marzo apostando abiertamente por dinamizar el proceso por la creación de un estado vasco, mirándose en el espejo de Escocia y Cataluña. Todo ello evidencia que la democracia burguesa ha sido y es incapaz de resolver el problema nacional el cual únicamente podrá venir de la mano del socialismo.

También ha sido incapaz la burguesía, y su democracia, a resolver el problema de la tierra, como consecuencia de la política imperialista del estado burgués, y el club de oligarcas de la UE,  que choca frontalmente con las necesidades democráticas de una Reforma Agraria que requiere el campo andaluz, castellano, y extremeño. Una Reforma Agraria que únicamente puede venir rompiendo con la UE, de la mano del socialismo.

Y es que, este debate de investidura, un acto más propio esta vez de precampaña electoral que de conformación de un gobierno; un debate de investidura donde ha predominado la suciedad y la falta de transparencia, como es normal que acontezca en el parlamento de burgueses compuesto por trileros y títeres de los monopolios, lo que sí ha puesto en evidencia es que la Transición ha sido un fraude histórico de magnitudes colosales y que la democracia burguesa no sólo ha sido incapaz de resolver los problemas que tenía el país una vez muerto el tirano Franco, sino que ha agudizado y ha hecho más profundos estos problemas.

En este proceso de descomposición absoluto del capitalismo y su superestructura, de fracaso político de la Transición y de la democracia burguesa como consecuencia de que nunca hubo una ruptura democrática real con el franquismo; aparecen las últimas creaciones de los monopolios, como el partido Ciudadanos del fascista Albert Rivera, añorando y loando a los traidores de aquel fraude histórico. El debate de investidura también sirvió para que este fascista, enemigo jurado de la democracia y de la clase obrera, pusiera en su justo término el papel de los traidores del Pueblo Trabajador, como recoge el diario de sesiones del día 4 de marzo cuando Rivera señalaba “Hablando también de la Transición, ¡qué diferencia entre aquel Partido Comunista y aquéllos hombres de Estado como el señor Solé Tura o el señor Carrillo y lo que hemos escuchado aquí, señor Iglesias, qué diferencia! ¡Ojalá se parecieran ustedes al Partido Comunista de la transición, ojalá! Porque venir del exilio y pactar con aquéllos que piensan distinto sí que era épica, (…) Épica de verdad. Aquellos hombres y mujeres trajeron libertad, igualdad, amnistía, autonomía y se dieron la mano bajo una misma bandera, bajo una misma Constitución y hubo muchas renuncias por parte de aquel Partido Comunista, pero demostraron tener sentido de Estado. Quiero hoy aquí homenajear a aquellos hombres y mujeres que, independientemente de su ideología, y no como hoy en esta Cámara, eran capaces de participar”. Así loa un fascista su victoria y a los traidores de la clase obrera que claudicaron – lo que él llama renuncia y sentido de Estado – a los intereses de los monopolios contra los intereses del pueblo.

Por más que Albert Rivera anhele el periodo de Transición, el debate de investidura y, fundamentalmente el curso de la historia, han sacado a flote todas las contradicciones y toda la basura, toneladas de basura,  del capitalismo.

El sistema capitalista, y su democracia burguesa – que cada día se confunde más con un estado reaccionario que toca el fascismo – no sólo se ha mostrado incapaz de resolver la crisis y los problemas democráticos que lastran al Pueblo español desde el franquismo, sino que ha profundizado y agrandado los mismos, aparte de mostrar que todo el sistema está carcomido por la corrupción.

Únicamente el socialismo puede dar salida al callejón sin salida al que la burguesía ha llevado al Pueblo trabajador. Mientras exista el capitalismo la corrupción cada vez será mayor, porque la corrupción es la forma mediante la que la burguesía dirige políticamente, y seguirá agravándose el paro, la crisis, el problema de las pensiones, de la democratización de la tierra,  de la cuestión nacional, de la participación democrática del pueblo en la toma de decisiones donde, a pesar de todos aquéllos que alaban y asumen al capitalismo, y que miran con nostalgia a la Transición que, en realidad fue un fraude una traición sin parangón. Hoy más que nunca, y más en el estado español, adquiere una dimensión mayor de la consigna ¡Socialismo o barbarie! Y a los hechos y la historia nos remitimos.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




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