El gobierno «progresista» demuestra una vez más la inviabilidad de la educación pública en el capitalismo

Anteriormente, desde el PCOE denunciamos la quimera que representa la educación pública en el capitalismo, que no deja de ser un producto de la superestructura donde se ubica lo ideológico en manos de la clase que nos oprime: la burguesía.

Con la llamada crisis del coronavirus, que ya sabemos que no es tal, sino otra evidencia de la bancarrota del capitalismo monopolista de Estado, y donde las medidas que se están aplicando no se salen de las normas utilizadas anteriormente de conocer la COVID-19, los antagonismos de clase se acentúan cada vez más, dando vigencia a aquella cita de Karl Marx en la afirma que en la sociedad burguesa, en el capitalismo, la propiedad que rinde es el capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado.

Desafortunadamente para el Estado español y el imperialismo, los números son redondos: el 16 de Julio descubríamos a través de diferentes medios de comunicación, nada sospechosos de revolucionarios, que la tasa de desempleo en España si se contaban los ERTEs del gobierno más progresista de la historia alcanzaba el 31%. Esto se traduce en que, oficialmente, casi 1 de cada 3 personas en edad de trabajar están negadas de empleo. Sin embargo, sabemos que la verdadera cifra supera el 50%, puesto que si un trabajador no está apuntado en el INEM o está realizando un curso del mismo no se contabiliza como demandante de empleo. Las consecuencias de esta situación que sufren los trabajadores son evidentes si tenemos en cuenta además que un tercio de los hogares españoles aguantaría menos de tres meses si tuviera que utilizar sus ahorros. Dentro de esta situación, el 25% de ellos no aguantaría ni una semana.

Este escenario obliga, entre otras cosas, a emprender y aprobar una serie de limosnas por parte de los distintos grupos parlamentarios y así atrasar las inevitables protestas que se darán a lo largo y ancho del Estado. Esto no es algo que digamos los comunistas, sino que es algo que el aparato represor ya prevé desde mayo de este año:

Dependerá mucho de las consecuencias económicas del coronavirus. De las empresas que cierren y de las personas que acaben en el paro. Si hay dinero público suficiente para salvar la situación, se mitigará el descontento. Pero si viene una etapa de recortes, que es lo más probable, habrá tensión en las calles. Qué puede ocurrir, por ejemplo, si el Gobierno rebaja el sueldo de los sanitarios un 5% o un 10% después de animar durante dos meses a que se les aplauda a las ocho de la tarde. Seguro que habrá una respuesta.

De esta forma, el 10 de junio se aprobó sin ningún voto en contra el Ingreso Mínimo Vital. Llama poderosamente la atención que una medida que fue estrella años atrás con el nacimiento de Podemos y que sirvió para acusar a dicho partido de «chavista» hoy encuentra el agrado de todos los Partidos políticos, con incluso la bendición de Luis de Guindos, ex-ministro de economía del PP y actual vicepresidente del Banco Central Europeo.

Lo cómico de la medida antiguamente denominada por la derecha parlamentaria como «socialcomunista» es que admite implícitamente la existencia de casi un 20% de la población viviendo en la más absoluta de las miserias, demostrando que el derecho al trabajo es una quimera en el capitalismo y que el Estado en este contexto sólo sirve por y para los empresarios.

Como hemos expuesto hasta aquí, es evidente que si el pueblo trabajador necesita, en palabras de la propia burguesía, un ingreso mínimo para vivir, necesitará también ingresos para formarse, puesto que la educación en España está muy lejos de ser gratuita, calculándose que la Educación Secundaria Obligatoria supone a cada familia española entre 400 y 500 euros por alumno al año.

Antes de la llegada del coronavirus, sólo un 10,6% de los universitarios tenían procedencia trabajadora. Las becas no aplicaban a muchos de los estudiantes pobres, puesto que aunque cumplan las condiciones económicas, las condiciones académicas se quedan lejos de su alcance. Si tenemos en cuenta que el origen socioeconómico tiene un impacto fundamental en el rendimiento académico, se demuestra que los criterios del ex-ministro de educación José Ignacio Wert le hacen un favor al clasismo burgués, como no podía ser de otra forma: el 54’7% de los estudiantes universitarios son de «clase alta».

El fracaso y abandono del sistema educativo, así como el acceso a estudios superiores, están estrechamente ligados a las características socioeconómicas de las familias: “El atributo con más peso en el proceso de salida del sistema educativo es la clase social del alumno” (Enguita, M., 2010, p. 71). Además, si atendemos a los análisis realizados a través de las pruebas PISA (Programme for International Student Assessment / Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), TIMSS (Trends in Internacional Mathematics and Science Study / Estudio Internacional de Matemáticas y Ciencia) y PIRLS (Progress in International Reading Literacy Study /Estudio Internacional de Progreso de Comprensión Lectora), nos encontramos con que las posibilidades de acceder a estudios superiores son seis veces mayores para los alumnos procedentes de la clase social burguesa que para los hijos de la clase trabajadora. Aunque, por supuesto, estos estudios hablan de clases medias de cara a esconder el carácter de clase del Estado, reflejado esto inevitablemente en la educación.

El 21 de julio se aprobaba en el Consejo de Ministros el Real Decreto que aprueba el aumento de la cuantía de las becas para el curso 2020 – 2021. Las diferencias fundamentales de este documento con el homónimo del año pasado son las siguientes:

  • Aumento de 100 euros de la cuantía de la beca.
  • Rebaja de los requisitos académicos en pro de los requisitos de renta, lo cual aumentaría el número de beneficiarios.

Sin embargo, como no podía ser de otra forma en un Estado burgués, la modificación de esta ley sigue entrañando el mismo clasismo que destilaba el Partido Popular.

  • En primer lugar, con una crisis coyuntural del capitalismo en su máxima expresión, en el que se prevén recortes, reformas laborales y pérdida de derechos, el aumento de 100 euros en la cuantía de la beca de cada estudiante no es más que una tomadura de pelo, pues la pérdida de poder adquisitivo el curso que viene será mucho mayor. Debemos tener en cuenta que cuando en 2012 esta cuantía era de 1500€. El profesor de Economía Juan Hernández Armenteros afirmaba que dicha cantidad «disuade a las personas para que continúen en su desarrollo educativo preuniversitario y universitario, porque las familias saben que con 1.500 euros no cubren ni los gastos que ocasiona que su hijo esté en la universidad«.
  • La ley sigue sin considerar a los repetidores como beneficiarios de alguna beca o ayuda. Recordemos que los alumnos pobres repiten cuatro veces más que los de familias con más recursos. Si la clase social tiene tanta incidencia sobre el fracaso o logro educativo, ¿cómo se explica que este debate sea obviado por todos los partidos del arco parlamentario? Y es que los debates giran en torno a elementos superfluos de cara a desligar la opinión de las grandes masas de la raíz del problema: “Se habla del debate de escuela público-privada, la violencia en las escuelas, de la Religión, de Educación para la Ciudadanía, de la repetición de curso… pero no se habla de lo fundamental, el origen de las desigualdades educativas” (Martínez, J. S., 2007, p. 45).
  • No se contempla que en el sistema educativo actual existen estudiantes que compaginan el estudio y el trabajo. Con la crisis inmobiliaria de 2008, aumentó enormemente el porcentaje de alumnos que estudiaban y trabajaban al mismo tiempo, pasando de un 59% en 2008 a un 67% en 2014. Para 2017, dos de cada tres universitarios compaginaban los estudios con una actividad laboral que, por supuesto, estaba caracterizada por la precariedad. Un hecho que se debió a la dificultad, cada vez mayor, de las familias para sostener económicamente la educación de sus hijos. Esta situación, que no sería concebible en el socialismo, provoca que los alumnos saquen peores notas y tengan una mayor posibilidad de acabar abandonando. Una muestra más de cómo el sistema educativo reproduce la realidad de un sistema productivo anárquico, inviable y que se sustenta en esas desigualdades.
  • Se espera que los beneficiarios de las becas sumen 600.000, cuando en España existen más de 8 millones de alumnos. Esto es, sólo estará becado el 7’5% de los estudiantes en el Estado.

Por tanto, queda más que patente que este parche no es más que una capa más a la costra de maquillaje que este gobierno perpetuador de la miseria y la explotación exhibe. Se demuestra una vez más la inviabilidad de una educación pública gratuita para el conjunto de la población. Se demuestra que la reforma no tiene cabida en el capitalismo.

Los países que se definen a sí mismos como democracias liberales no cesan en su empeño de rellenar las leyes, decretos y currículos educativos con fraseología inclusiva e integradora, dando a entender por quién se acerque a estos sin una marcada visión de clase que su objetivo primario es combatir las deficiencias existentes en el sistema educativo. Nada más lejos de la realidad, los marxistas somos conscientes que tras estas palabras existe un aparato ideológico cuyo único fin es dificultar el acceso de los hijos de la clase obrera a la educación; la igualdad y la libertad en el orden capitalista no son otra cosa que la presión del Estado y las instituciones que forman parte activa de los distintos procesos culturales en la reproducción de la voluntad ideológica de la clase dominante, como un elemento vertebrador del sistema existente de distribución desigual de la propiedad.

Como revolucionarios, nuestra proclama no puede quedar en un simple parche como una beca, sino en tumbar el actual sistema educativo y sustituirlo por un sistema educativo integral para el conjunto de la clase trabajadora y sus hijos. Para ello, es necesaria la organización de los trabajadores en el Frente Único del Pueblo (FUP) para construir el socialismo, un sistema libre de explotación del hombre por el hombre y en el que la educación emane realmente de los componentes que la forman: profesorado, estudiantes y familias. Un sistema educativo de carácter humanista, donde no exista el beneficio privado y en el que la formación no sea un medio para adaptarnos al sistema productivo, sino un fin en sí mismo.

Para alcanzar todo esto, es condición sine qua non la unión de los comunistas, la cohesión de todas las fuerzas del marxismo, de todos los obreros conscientes mediante el trabajo perseverante y la lucha insobornable para conseguir la unidad de la clase obrera desde su propio interior, con el fin de mandar a capitalismo al vertedero de la historia y, con él, a todos los falseadores y liquidadores del marxismo.

 

¡Por una educación por y para los trabajadores!

¡Por el Frente Único del Pueblo!

¡Por la unión de los comunistas!

Secretaría de Juventud del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español




Deja un comentario