Elecciones Generales: persiste la inestabilidad y la situación política se radicaliza

El pasado día 10 de noviembre se celebraron las segundas elecciones generales de este año 2019, la repetición de los comicios del pasado 28 de abril los cuales dejaron unos resultados con los cuales el partido más votado, el PSOE, fue incapaz de conformar un gobierno.

Se llegó al 10 de noviembre en una situación de ingobernabilidad, de crisis política más aguda de la que ya existía en abril, tras la sentencia contra los políticos independentistas catalanes, así como los reveses en materia judicial y de derechos políticos que está recibiendo el Estado desde organismos internacionales y otros estados europeos. Asimismo, la situación económica continúa empeorando, con una deuda pública en septiembre de 1,207 billones de euros; donde las instituciones capitalistas, y los monopolios, corrigen a la baja el crecimiento del PIB español en sus previsiones, tanto para este año como los años siguientes, y donde los medios de comunicación del capital advierten que el cada vez menor crecimiento del PIB es fruto de un ‘dopaje’, señalando que en realidad el PIB se encuentra estancado, puesto que ese crecimiento se sostiene como consecuencia del endeudamiento, con lo que la bola de la deuda pública sigue haciéndose de unas dimensiones superiores, alcanzando al 99% del PIB, llevando al Estado a una situación económica de bancarrota.

La precariedad laboral y la temporalidad cada día son mayores, de tal modo que el empleo que se crea es trabajo basura que condena al trabajador a la pobreza, y el paro en el último trimestre – agosto, septiembre y octubre – ha crecido en casi 226.000 trabajadores más. La Seguridad Social presentó en 2018 un saldo negativo de 18.286,46 millones de euros, un 1,52% del PIB, y el fondo de reserva de la seguridad social para las pensiones, la que denominan hucha de las pensiones, la han dilapidado los gobiernos de PP y PSOE en compra de deuda pública. Otros indicadores, como que el déficit de la balanza comercial española en 2018 creció hasta la cifra de 36.399,4 millones de euros, la grave situación de la industria en España, cada vez menor, retrocediendo a pasos agigantados fundamentalmente en el sector minero-metalúrgico; por no hablar del campo, donde la política imperialista de la UE tiene como efecto el incremento del latifundio en ambas Castillas, Andalucía y Extremadura, provocando un incremento de los flujos migratorios del agro a la ciudad, de tal modo que una parte del estado español se queda vacía a la par que en las ciudades el incremento de la mano de obra hace que los empresarios tiren todavía más por tierra las condiciones de los trabajadores, a la par que un puñado de familias terratenientes parasitan y se lucran con las subvenciones europeas y estatales al objeto de mantener baldías las tierras.

Esta situación del estado español converge con una situación crítica del imperialismo a nivel internacional, donde existen múltiples factores de incertidumbre económica que muestran su putrefacción y descomposición: Una política monetaria del BCE y de la FED que han generado burbujas de deuda que están al borde de estallar, y que dejarán a múltiples estados en la quiebra, descollando ahí a la criminal potencia norteamericana; el Brexit; la desaceleración económica mundial donde ya incluso los propios analistas económicos capitalistas no pueden negar la inminente recesión mundial, para 2020 o 2021, y donde incluso muchos de estos analistas advierten del fin del capitalismo.

Este escenario en el terreno de la economía, estos elementos que hemos desgranado harán que la situación económica de España empeore todavía más, de tal modo que según los propios capitalistas, la UE exige al nuevo gobierno que resulte un recorte del gasto público superior a los 12.000 millones de euros para el año 2020. Esta situación de crisis económica es la que tendrá que abordar el nuevo gobierno que se conforme.

La crisis económica desencadenó la crisis política hace ya más de una década, habiéndose exacerbado todas las cuestiones no resueltas, o cerradas en falso, por la burguesía, como son la cuestión nacional – fundamentalmente en Cataluña y País Vasco -, la cuestión de la tierra latente en Andalucía, Extremadura y Castilla y la putrefacción propia del capitalismo monopolista, destruyendo el sector productivo, fundamentalmente la industria, y apostando por la especulación y la internacionalización de las empresas al objeto de sacar los capitales del país para aumentar sus tasas de plusvalías sobreexplotando al proletariado de otros estados del mundo.

Con este cuadro, la burguesía lo ha apostado todo al fascismo, a la exacerbación del nacionalismo español, con el objetivo de confrontar a los pueblos de las distintas naciones que componen el Estado, desviando a la clase obrera de la lucha de clases al objeto de dividirla y someterla a los intereses de la burguesía monopolista españolista.

Tras la moción de censura, el tablero político se escoró, todavía más hacia la extrema derecha. De tal modo que, por un lado, el PSOE hizo que la ‘izquierda’ del sistema abrazara la política reaccionaria del Gobierno de Rajoy tanto en el aspecto económico, como en el aspecto político. Por otro lado, la pata derecha del sistema competía en ver cuál de ellas era más fascista. Con esa dialéctica se llegó a las elecciones de abril de 2019, donde al igual que en las elecciones de noviembre, se han pasado de largo de los verdaderos problemas que acucian a la clase obrera, donde se ha silenciado la bancarrota del Estado, la corrupción, centrando la burguesía la discusión en el principio franquista de la defensa de la unidad de España, enarbolando el nacionalismo para cegar y engañar al pueblo.

La burguesía, a lo largo de esta década, ha demostrado ser muy diestra a la hora de ir sorteando la crisis política en la que se halla inmersa. Ante el agotamiento del sistema bipartidista encarnado en la dupla PP-PSOE, la burguesía ha regenerado, tanto generacionalmente los liderazgos como con la creación de nuevos partidos, al objeto de sustentar un tablero político dividido en una pata “izquierda” y una pata derecha, a efectos de etiquetas pues todos ellos son reaccionarios y defensores del capitalismo monopolista de Estado, con un sistema político totalmente escorado hacia la extrema derecha donde el fascismo está totalmente asimilado y blanqueado, como lo demuestra el tratamiento que el Estado y los medios de manipulación del capital han dado a VOX y como ha quedado demostrado en el juicio contra el procès, donde VOX era acusación particular, o en el traslado de la momia del tirano asesino Franco que no fue más que un nuevo acto de exaltación del fascismo.

La burguesía ha sacrificado ya la falsa dialéctica que estableció tras el 15M de la nueva política versus la vieja política, con el tablero político fijado en la extrema derecha, con el fascismo blanqueado, de poco le sirve ya el engendro de C’s, que seguirá el mismo camino que en su momento siguieron UCD y UPyD.

En las elecciones generales de 2008, el bipartidismo (PP-PSOE) obtuvo, entre ambos, el 83,27% de los votos emitidos, o lo que es lo mismo, 21.567.345 votos. Por el contrario, en las elecciones del pasado 10 de noviembre, con una participación inferior en un 4% a los comicios de 2008, el bipartidismo obtuvo el 44,90% de los votos emitidos, o lo que es lo mismo, 11.772.852 votos, su mínimo histórico desde 2008, obteniendo casi la mitad de los obtenidos en los comicios de 2008. Aunque el bipartidismo vaya retrocediendo en número de votos, no lo ha hecho en porcentaje de voto que, con respecto de abril de 2019 ha repuntado en más de un 3%, pasando del 45,09% de voto que obtuvieron la dupla PP-PSOE en abril de 2019 al 48,32% de noviembre.

El bipartidismo, la fórmula que los herederos de Franco tuvieron para sostener su sistema político desde la muerte del asesino hasta 2011, cuando irrumpió el 15M, apoyándose en la burguesía catalana liderada por el corrupto Pujol y en el PNV, fue remozada ante la crisis política que estalló tras el 15M y la victoria por mayoría absoluta del PP en 2011; mediante la creación de PODEMOS al objeto de suturar la pata izquierda del sistema y relanzando el engendro de C’s para suturar la pata derecha; ahí entraba el nuevo engaño de la burguesía: la nueva política – que en realidad apuntalaba a la vieja política- contra la vieja política, representada por el bipartidismo.

El Referéndum del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, sacó a flote la esencia fascista del Estado, situando su sistema político en su justo lugar, en la extrema derecha, como lo corroboró la moción de censura de junio de 2018, donde el PSOE hizo que hasta los independentistas votasen favorablemente las políticas de Rajoy al objeto de echarlo del gobierno pues, el voto a favor de echar a Rajoy en la moción de censura fue, por gracia del PSOE, el voto a favor de la obra de Rajoy, y ahí siguen vigentes la ley mordaza, la reforma laboral, el pensionazo contra los jubilados y los recortes sociales.

Este periodo entre abril de 2019 y noviembre, en el que se ha desarrollado el juicio farsa contra los independentistas catalanes, donde se ha conocido la vergonzosa sentencia contra los presos políticos catalanes así como las sucesivas maniobras judiciales al objeto de negar la participación política de los líderes nacionalistas, donde desde Europa y organizaciones de derechos humanos se ha señalado la naturaleza reaccionaria y antidemocrática, en el sentido burgués, del estado español, mostrándolo como un Estado que no cumple con los cánones “democráticos” que los imperialistas establecen, ha hecho que la burguesía haya subido la apuesta al fascismo.

Tras los resultados electorales de abril, el objetivo de los monopolios era la conformación de un gobierno de PSOE y C’s para tratar de acometer las medidas antiobreras que requieren los intereses de los capitalistas en el momento de descomposición actual. Sin embargo, las contradicciones de C’s, que ha servido sin escrúpulos y sin vergüenza a la banca sosteniendo lo más corrupto en cada momento, así como la esencia fascista de sus dirigentes, hicieron inviable esta maniobra exigida por los monopolios. Ante la falta de utilidad de Cs para los capitalistas, éstos proceden a dar la puntilla a la falsa dialéctica de vieja y nueva política y, en armonía a la radicalización política existente en el país, y tras un concienzudo y planificado blanqueo del fascismo en el juicio del procès y con el acto de exaltación fascista de sacar al asesino del Valle de los Caídos, lo apuesta todo al fascismo, de tal modo que en el Estado español, hoy, el sistema político ha pasado de bipartidista a tres bloques – el bloque abiertamente fascista; el bloque supuestamente de ‘izquierda’ encabezado por el PSOE, un partido tan reaccionario como el PP y, por último, el bloque conformado por las fuerzas políticas nacionalistas e independentistas vascas, catalanas y gallegas.

El PP en el año 2011, cuando consiguió la mayoría absoluta, obtuvo 10.830.693 votos, en los comicios celebrados el pasado domingo 10 de noviembre la suma de C’s, PP y VOX obtuvieron, con un porcentaje casi idéntico de participación que en las elecciones de 2011, 10.297.472 votos, es decir, casi 600 mil votos menos de los que obtuvo el PP en 2011. Si comparamos con los votos obtenidos por la pata derecha del sistema en las elecciones generales de abril de este año, donde sacaron 11.217.410 votos comprobamos que en estos seis meses han perdido cerca de un millón de votos.

Por otro lado, el PSOE en 2008 obtuvo 11.289.335 votos, e IU sacó en dichos comicios 969.946 votos, sumando ambas fuerzas políticas 12.259.281 votos. En las elecciones del pasado 10 de noviembre de 2019 sumando a las diferentes fuerzas políticas que componen el bloque de ‘izquierda’ del sistema – PODEMOS y sus confluencias, el engendro de Errejón y sus confluencias y el PSOE – sumaron 10.427.223 votos, casi dos millones de votos menos que en 2008. En abril de 2019 este bloque sumó 11.217.773 votos, con lo que en estos seis meses han retrocedido prácticamente en 800 mil votos.

De hecho, el bloque fascista, en número de votos, ha retrocedido más en estos seis meses que el bloque de ‘izquierda’ del sistema, de tal manera que la diferencia en abril de 2019 entre estos dos bloques fue de 363 votos a favor de la ‘izquierda’ del sistema por 129.751 votos a favor de la ‘izquierda’ del sistema el pasado 10 de noviembre. Sin embargo, en número de escaños, el bloque de derecha ha subido 4 escaños por los 7 escaños que ha perdido el bloque de la ‘izquierda’ del sistema. Ello se debe a que los fascistas han concentrado su voto en VOX y el PP, unido al efecto de Errejón, que lejos de favorecer al PSOE lo que ha hecho es introducir una mayor fragmentación en el voto de esa supuesta izquierda, beneficiando a PP y VOX.

Por último, el bloque conformado por los partidos independentistas y nacionalistas vascos, catalanes y gallegos sumaron el pasado 10 de noviembre 2.415.602 votos, es decir, 730.762 votos más que en las elecciones generales de 2015, y 30.652 votos más que en abril de 2019.

En estos seis meses, desde el 28 de abril al 10 de noviembre, los firmantes del artículo 155 en Cataluña han perdido 1.680.097 votos mientras que los independentistas han avanzado tanto en número de votos como en escaños en dicho periodo.

Si miramos en términos cualitativos estos resultados, comprobamos que la burguesía está más fraccionada y que la situación política cada día se radicaliza más, tanto en el bloque eminentemente fascista como en el bloque del nacionalismo catalán, vasco y gallego donde las fuerzas abiertamente independentistas cobran más fuerza.

Desde las elecciones generales de 2008, las últimas celebradas antes de los efectos provocados por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, la participación ha oscilado entre el 68,94% de las generales de 2011 y el 75,75% de las generales del pasado 28 de abril. Este dato quiere decir que la clase obrera participa activamente en las elecciones generales, en contraposición con otro tipo de comicios, como por ejemplo son las elecciones europeas donde la abstención supera el 55%.

Los resultados electorales dejan un panorama político totalmente fragmentado, en una situación de cada vez mayor precariedad del sistema político, donde se agudiza la cuestión nacional catalana y vasca, donde los partidos independentistas se han fortalecido, de tal modo que tendrán más capacidad para la defensa de sus intereses clasistas que cuestionan el principio franquista de la unidad de España e incluso de la monarquía.

Nuestro Partido no considera que las elecciones burguesas sean la forma en la que la clase obrera accederá al poder, de hecho, las experiencias históricas nos muestran sin margen alguno para la duda, que el proletariado únicamente podrá conseguir su emancipación social, únicamente podrá conquista el poder político de manera revolucionaria.

Estas elecciones generales del 10 de noviembre han sido una continuación de las del pasado 28 de abril, y han servido al Partido para seguir dándonos a conocer entre la clase obrera, para fortalecer la organización y para que nuestros camaradas no sólo hayan podido trasladar nuestra visión revolucionaria y nuestro programa a un número importante de trabajadores y mostrarles la suciedad y la faz antidemocrática y reaccionaria del Estado, sino que también les ha servido para templarse y forjarse como cuadros, para saber leer la psicología de la clase y tratar de elevar esa psicología en conciencia de clase. También ha servido para que los camaradas conozcan la forma de actuar del Estado, y la suciedad que encierra el proceso electoral, fundamentalmente en las provincias de Albacete y Tarragona, donde nuestros camaradas han comprobado, en sus propias carnes, como esas Juntas Electorales Provinciales actuaron maniobreramente para impedir que hubieran candidaturas del PCOE, en Albacete porque supuestamente faltaban 14 firmas, a pesar que nos anularon más de un 20% de los avales recabados y que el funcionario se mostró ante nosotros en términos abiertamente anticomunistas en la entrega de los avales y en Tarragona escamoteando dos días en la rectificación de avales.

La expansión del Partido nos ha permitido presentarnos en A Coruña, Lugo, Castellón, Teruel, Guadalajara, Sevilla, Málaga, Cádiz, Huelva, Córdoba, Segovia y Murcia – y aunque no hemos conseguido presentarnos en otras circunscripciones, sí hemos trabajado para ello en Barcelona, Granada, Toledo, Tarragona, Madrid, Albacete o Pontevedra, por citar algunas provincias -, de tal modo que la presencia del partido en estas elecciones ha crecido en cuatro circunscripciones con respecto de abril y se ha multiplicado prácticamente por cuatro en comparación con las anteriores elecciones generales de 2016. Es por este desarrollo del Partido, unido al incremento de la participación, por la que el voto al PCOE ha seguido creciendo.

El Comité Ejecutivo del PCOE valora positivamente el resultado que arroja a nuestra organización estos procesos electorales del 28 de abril y del 10 de noviembre pues lo ha fortalecido organizativa e ideológicamente; lo ha promocionado entre el pueblo trabajador y ha servido para hacerlo crecer también cualitativa y numéricamente y establecer las condiciones para que el Partido se desarrolle y se multiplique por nuevas provincias en las que, hasta hace poco, no teníamos organización. Por todo ello, la prioridad del Partido pasadas ya las elecciones del 10 de noviembre no es otra que ajustar las estructuras organizativas del mismo al crecimiento que estamos experimentando, seguir desarrollando el partido tanto cuantitativamente como cualitativamente. Para el PCOE la prioridad fundamental hoy es desarrollar la organización y llevar a cabo una lucha sin cuartel contra el capitalismo monopolista de Estado, fundamentalmente, en el terreno ideológico.

Asimismo, queremos destacar que en las 12 provincias en las que hemos concurrido, hemos sido el partido comunista más votado, por encima de otros partidos que también se autodenominan comunistas; de tal modo que el PCOE ha sido el partido comunista más votado en Galicia, Andalucía o en la Región de Murcia. Por otro lado la realidad, nuevamente, ha desenmascarado caretas oportunistas y la superchería de algunos que pretenden arrancar obreros hacia la socialdemocracia con el aplauso y el apoyo de algunos partidos comunistas del mundo que hacen injerencia en el movimiento comunista español, fraccionándolo, los cuales, a pesar de presentarse en más circunscripciones han retrocedido en número de votos.

Sin duda, en el estado español se dan las condiciones para que emerja con fortaleza un partido revolucionario, un partido marxista-leninista. Máxime ante la contradicción que se le abre al sistema en caso de prosperar el gobierno que pretenden llevar a cabo PSOE y PODEMOS. Un acuerdo de gobierno anunciado justo dos días después de la celebración de las elecciones al objeto de tratar de esquivar las resistencias que los esbirros fascistas tanto del bloque conformado por PP-VOX-Cs como de dentro de las propias filas del PSOE, hecho que evidencia, no sólo la debilidad con la que será alumbrado dicho gobierno, sino que para la burguesía un gobierno de reaccionarios y oportunistas ya no les sirve, de hecho no les sirve otra cosa que no sea el fascismo. Nuestro Partido es consciente que ante este escenario, el periodo que se abre es de desarrollo del Partido que hoy es una necesidad para los trabajadores y que es el arma sublime del proletariado para organizarse, para acabar con el capitalismo y para construir el socialismo.

Bajo el marco del capitalismo y del poder del estado de los capitalistas el pueblo trabajador no tiene más salida que el hambre, la opresión, la represión, la explotación y la muerte, por ello, objetivamente, no hay más salida que la Revolución Socialista, el socialismo, y que el poder esté en manos del Proletariado y su estado. Por ello, el Partido Comunista Obrero Español continuará trabajando con la clase obrera, en los centros de trabajo, en el campo, en los barrios, en la construcción de órganos de poder popular del proletariado, uniendo las luchas de los distintos sectores del proletariado en una única lucha contra el capitalismo (Frente Único del Pueblo), uniendo al sindicalismo de clase al objeto de que en el Estado se constituya una alternativa sindical de clase que aglutine a todo el sindicalismo de clase bajo la bandera de la FSM y uniendo a los comités de empresa, delegados y trabajadores para conseguir que en sus manos esté la producción (ACDT). En este sentido, el PCOE continuará, en virtud a nuestras fuerzas y grado de desarrollo, luchando por el Socialismo y por acabar con el capitalismo y su estado criminal, que niega el derecho a la autodeterminación de la nación catalana, vasca y gallega, que niega la tierra a los campesinos, que niega la democracia a los trabajadores y los despoja de todo derecho y los condena a la explotación y represión más descarnada, el paro y la miseria. Nadie vendrá a liberarnos pues la emancipación del proletariado sólo puede ser obra suya, armado de su partido, el Partido Comunista Obrero Español.

Ante la agudización de la crisis del capitalismo, es momento de redoblar los esfuerzos para llegar a los obreros, jornaleros, jubilados, mujeres, estudiantes, en definitiva, a todos los sectores del proletariado y conseguir que hagan suya la política del PCOE, pues únicamente son ellos organizados bajo una dirección revolucionaria, los que podrán llevar a término la misión que nos tiene encomendada la Historia: Mandar al capitalismo al estercolero de la Historia y construir el Socialismo.

¡POR EL DESARROLLO DEL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!
¡POR LA REFORMA AGRARIA ANTILATIFUNDISTA Y ANTIMONOPOLISTA!
¡FUERA DE LA UNIÓN EUROPEA Y DE LA OTAN!
¡ABAJO EL CAPITALISMO! ¡SOCIALISMO O BARBARIE!


Madrid, 17 de noviembre de 2019

Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español (P.C.O.E.)




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