La Jefatura de Estado, al servicio del capital monopolista

Resulta interesante constatar como en los últimos tiempos, algunos connotados economistas burgueses de raíz liberal tales como Robert Reich, Paul Krugman o Joseph Stiglitz –sumidos en su quimérica misión académica de “salvar al capitalismo-, hoy viran sus análisis económicos y hablan abiertamente de lo que ya para ellos es un problema nuclear del modo de producción capitalista; lo denominan el “poderío monopólico”. Tras más de un siglo de los certeros trabajos de Marx o del clarificador ensayo “El Imperialismo fase superior del capitalismo” de Lenin, el sector más preocupado de la clase dominante reconoce abiertamente –aunque a su manera, obviamente-, la situación real del imperialismo realmente existente. Eso sí, ellos lo hacen para llamar la atención de sus amos y, a modo de alquimistas keynesianos, llamar a la “reforma urgente” del capitalismo. Una forma muy sutil, al fin y al cabo, de reconocer la lucha de clases como motor de la historia.

Efectivamente como ya anticipó de forma magistral Marx en su monumental “Crítica de la economía política”, la libre competencia originaria del capitalismo y el papel revolucionario de la burguesía, no podían más que engendrar el dominio total de los monopolios y la conformación de una oligarquía financiera netamente reaccionaria. Nadie como Lenin supo desnudar esta fase en la que nos encontramos inmersos, pues si bien Marx vivió el capitalismo ascensional del siglo XIX, al dirigente ruso le tocó vivir el nacimiento, desarrollo y expansión de los grandes monopolios a inicios del siglo XX. Y hoy como ayer –o cabría decir hoy con más fuerza que ayer-, el capitalismo monopolista de Estado –el imperialismo-, no es sino la sumisión absoluta del Estado burgués a la economía capitalista, y, por tanto, a los monopolios, y no al contrario. La compenetración cada vez más completa del Estado y de los monopolios, en definitiva, la dictadura de los monopolistas más poderosos.

En el contexto de la crisis general del capitalismo y bajo el dominio de los Estados imperialistas, la crisis para los monopolistas – cuyas crestas son cada vez más destructivas y profundas a cada año que pasa-, no representan otra cosa que una gran oportunidad de negocio, el momento idóneo para incrementar sus beneficios a costa de la clase trabajadora. De ahí las súplicas de los Krugman hacia la “reforma del capitalismo”, pues a pesar de servir a la clase dominante, estos señores ven con claridad como lo que ellos llaman el “brutal aumento de las desigualdades” en base a la “intensa concentración de la riqueza en pocas manos” puede poner en serio riesgo su adorado reino de la propiedad privada de los medios de producción basado en la explotación asalariada. Por supuesto se guardan mucho de ir a la raíz del problema, las relaciones de producción existentes, pero aún así reconocen implícitamente la validez del análisis marxista.

En ese sentido, el Estado español como parte integrante del bloque imperialista de la UE-OTAN, no es ninguna excepción al respecto, tanto en su superestructura interna como en sus ansias “exportadoras”. Y por tanto no sólo el aparataje político, judicial, sindical o policial se halla al servicio y bajo mando del capital monopolista, que bien podríamos simbolizar como la terna CEOE-IBEX-35 y sus diferentes satélites, también y especialmente la Jefatura del Estado ha actuado y actúa como un eficiente lacayo en defensa de los intereses del gran capital, siempre bajo el siempre manido término de “la defensa de los intereses de España”. No cabe duda que el papel jugado por Juan Carlos I desde la dictadura franquista hasta hace pocos años o los infinitos viajes por el mundo de uno de los borbones más corruptos de la historia –y eso ya es mucho decir-, siempre secundado y acompañado de una nutrida manada de “grandes empresarios”, pone de manifiesto lo hasta aquí expuesto.

Por ello hoy su hijo Felipe VI –heredero de Felipe V, monarca francés llegado al Reino de España como Duque d´Anjou-, paseó sonriente, feliz y también muy bien acompañado el pasado septiembre por los estercoleros más glamurosos de EEUU, así como paseará el próximo febrero por ese Reino amigo que lleva el nombre de la propia dinastía feudal; Arabia Saudí. Bajo la mascarada de los “intercambios culturales” y demás cuentos infantiles, el nuevo Borbón –en el trono precisamente por orden de la propia oligarquía española-, viajó a EEUU a estrechar lazos entre oligarcas de uno y otro lado del atlántico, poniendo todo su empeño bien pagado en defender el criminal TTIP. Un tratado que de aprobarse, conformaría la mayor agresión al proletariado y clases populares de Europa y EEUU, la legalización en definitiva del expolio más salvaje a cargo de los monopolios industriales y financieros occidentales. He ahí la defensa de los “intereses de España” a cargo de la Jefatura del Estado.

En la misma línea de defender los sagrados intereses de ese puñado de oligarcas españoles, viajará el monarca a su querido Reino Saudí, al que tanto capital e influencias le debe la dinastía borbónica desde los lejanos años 70. Hoy, esta teocracia feudal atraviesa dificultades económicas, por ello la oligarquía ha creído necesario enviar a Felipe VI a tan “democrático” Reino. No en vano, uno de los buques insignia del capital monopolista en España, FCC, se halla inmerso en una milmillonaria operación para construir el metro de Riad, y eso bien vale un costoso y nutrido viaje a la capital del Reino de los Saud. Efectivamente, cuanto más se agrava la crisis general del capitalismo, cuanto más se aprietan los grilletes a la clase trabajadora y clases populares, más y más se concentran las riquezas en unos pocos oligarcas, sumidos en la única ley de la que no pueden ni quieren desprenderse; la de maximizar a toda costa sus ganancias.

Por supuesto y en aras de defender los “intereses de España”, la Jefatura del Estado calló obedientemente ante la monstruosa dictadura yanqui, que ostenta el record mundial de población carcelaria y dónde cada 30 horas un policía asesina a un ciudadano que por lo general o es pobre o es negro o es hispano o las tres cosas a la vez. Tampoco de los centenares de miles de libios, iraquíes, sirios o afganos asesinados. Como tampoco hablará en Riad de las macabras decapitaciones de las que hacen gala los Saud por delitos tan graves como manifestarse, ni de los miles de sirios o yemeníes a los que está asesinando ese Reino que chorrea sangre por todos sus poros feudales.

Porqué los verdaderos amos de este país cuentan con todo el aparato estatal burgués, y lo utilizan a discreción cuando y como quieren y allí dónde lo necesitan. Ahí están sus diputados a sueldo prestos a aprobar reformas laborales y rescates bancarios, ahí están sus jueces dispuestos a hacer valer esas mismas leyes antiobreras y antipopulares, ahí están sus cúpulas sindicales ansiosas por firmar cuanto pidan los grandes patrones, ahí están sus aparatos represivos prestos a encarcelar a todos aquellos que luchan y se organizan contra esta podrida dictadura capitalista. Y ahí está la Jefatura del Estado, lista para servir los intereses de esta oligarquía criminal y parasitaria tanto dentro como fuera de las fronteras españolas.

Efectivamente los señores Reich, Krugman o Stiglitz pueden estar seguros que el capital monopolista de Estado –el imperialismo-, existe. Y efectivamente es la etapa en la que vivimos, la que responde a la crisis general del capitalismo, a su fase senil y putrefacta. En una sola cosa no rectificarán estos señores economistas a sueldo de la clase dominante; en la necesidad imperiosa de acabar desde la raíz con este modo de producción agotado, tal y como se acabó con el no menos agotado feudalismo.

Dejemos pues, que los alquimistas sueñen en reformar lo irreformable, organicemos el poder popular desde nuestros barrios y centros de trabajo, pues sólo el triunfo de la revolución socialista y la dictadura del proletariado podrá poner fin al “brutal aumento de las desigualdades y el poder monopólico” que hoy explota, oprime y asesina a millones de trabajadores en el mundo.

 

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)