La libertad no se puede bloquear

El 1 de enero de 1959, el Ejército rebelde entra triunfante en La Habana tras derrotar al régimen dictatorial de Fulgencio Batista Zaldívar. Desde entonces, el imperialismo ha hecho todo lo posible por asfixiar al país.

Desde el fracaso militar y político que supuso para John F. Kennedy [presidente 1961-1963] el tratar de invadir sin éxito Bahía de Cochinos en abril de 1961, los norteamericanos no han descansado en su empeño de socavar la Revolución e imponer arduas condiciones al pueblo cubano.

Tras esa victoria, Cuba se enfrentó – y lo sigue haciendo en la actualidad – a otro enorme enemigo: el bloqueo criminal impuesto por Estados Unidos. Así, en enero de 1962, se pone en marcha la Operación Mangosta a fin de provocar una rebelión en el país saboteando la economía, lo que sería la excusa perfecta para la intervención militar directa de los Estados Unidos. Esto se transformaría, un mes después, en la guerra económica que conocemos hoy día; agresión contra la producción azucarera, el transporte, el turismo, la salud pública, las comunicaciones, los servicios, el desarrollo de la cultura, el desarrollo industrial y las relaciones con terceros países.

“Podemos definirlo como un conjunto de acciones ejercidas por EE.UU. contra cuba con el objetivo de asfixiarla, aislarla e inmovilizarla. […] El objetivo del bloqueo es impedirle a Cuba el vínculo comercial no sólo con EE.UU. sino con el resto de los mercados internacionales. Así, Cuba no puede entablar relaciones comerciales con empresas subsidiarias de compañías estadounidenses, se imponen sanciones a barcos que toquen puertos cubanos con fines comerciales y, en líneas generales, los EE.UU. presionan a otros estados y organismos internacionales para que no entablen relaciones comerciales ni brinden asistencia a Cuba.” (Alejandra Ares & Lucía Desages, 2019)

Como sabemos, cada crisis aumenta la tendencia al monopolio; “y la crisis – las crisis de toda clase, sobre todo las crisis económicas, pero no sólo éstas – aumentan a su vez en proporciones enormes la tendencia a la concentración y al monopolio” (Lenin, 1916), lo cual evidencia de forma exponencial la fase imperialista del capitalismo. La absoluta bancarrota de la economía norteamericana es la que lleva al gobierno estadounidense a la guerra a todos los niveles; a la guerra económica y comercial contra otras potencias imperialistas – China, Rusia, la Unión Europea –; a la guerra mediante el bloqueo económico – Cuba, Irán, Venezuela, etc. –; así como la guerra militar en Europa del Este, Asia y Oriente Medio.

Según estadísticas del propio gobierno cubano, el 70% de la población actual del país nació bajo el bloqueo norteamericano y sus efectos. Todos los años comprobamos la completa inutilidad que representa la ONU, escenario donde es recurrente el debate sobre el bloqueo de Cuba y sus consecuencias para la isla. Una inutilidad que se manifiesta en el hecho de que, aunque Cuba gane las votaciones, estas no tienen carácter resolutivo, por lo que Estados Unidos, que además es uno de los cinco miembros que conforman el Consejo de Seguridad de la ONU, es acusado y juez al mismo tiempo.

Esta semana conocíamos que EE.UU. profundizará en el bloqueo de Cuba. El pasado lunes 21 de septiembre, el Secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, anunció la imposición de sanciones a la empresa cubana de remesas American International Services (AIS). El aumento de las hostilidades contra la isla tiene el claro objetivo de favorecer el voto de Florida hacia Donald Trump. Así mismo, dos días después, Trump anunció que ampliará las sanciones contra el sector turístico del país, prohibiendo a los ciudadanos estadounidenses alojarse en propiedades pertenecientes al gobierno de La Habana, así como también se restringirá la importación de licor y tabaco cubano, y la asistencia a reuniones o conferencias en la isla. Esto se suma a las más de 200 empresas cubanas que conforman hoy día el listado de instituciones con las cuales ningún ciudadano estadounidense puede llevar a cabo ninguna clase de transacción. Esto provocó que el debate sobre el bloqueo criminal que Estados Unidos mantiene contra Cuba protagonizara la sesión final del Debate General del 75º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU (22-29 de septiembre de 2020) bajo el título Necessity of ending the economic, comercial and financial embargo imposed by the United States of America against Cuba.

Pese a la pandemia, un contexto más que necesario para justificar medidas concretas para el levantamiento definitivo del bloqueo estadounidense, observamos justamente lo contrario, que el cerco se endurece. Cuba ha proporcionado asistencia médica a más de 40 países durante la pandemia, 45 brigadas médicas distribuidas en países de África, Asia, América Latina y Europa, a solicitud de los propios gobiernos de esas naciones, siendo los médicos cubanos un ejemplo de internacionalismo proletario. Sin embargo, Estados Unidos no ha dudado ni por un instante, en su campaña deshonesta, en tratar de desacreditar a las brigadas médicas internacionalistas, a través de su delegado Garret Grigsby, durante una sesión del 58º. Consejo Directivo de la Organización Panamericana de Salud (OPS), el cual pidió dar seguimiento a los médicos cubanos aludiendo a un supuesto tráfico de personas. Ante esto, El ministro de Salud de Cuba, José Ángel Portal, contentó: “Si a EE. UU. le importara los ingresos del personal de la salud de Cuba, ya habría levantado realmente el bloqueo y en lugar de atacar a Cuba, que ha sido capaz de ayudar a otros países en medio de esta pandemia, debería mejorar su gestión catastrófica ante la pandemia y garantizar la salud de sus ciudadanos”.

El Estado norteamericano es, sin duda alguna, el mayor enemigo de la humanidad. Un Estado que representa la podredumbre y la decadencia del capitalismo como ningún otro en el mundo. Por otro lado, Cuba es hoy día, y pese al bloqueo, un ejemplo en materia de sanidad, educación y cultura, con el enorme condicionante de haber estado acosada por la mayor potencia imperialista y criminal de todos los tiempos. Cuba ha sido sometida a una larga asfixia económica y financiera, seis décadas en la que los presidentes norteamericanos, sin distinción partidaria, han presionado internacionalmente para aislar al país y precipitarla a una crisis que derroque al gobierno. Pese a ello, el desarrollo humano y social ha sido increíble, atestiguando la superioridad del socialismo sobre el régimen capitalista.

A tenor de todo esto, desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condenamos frontalmente el bloqueo estadounidense contra Cuba y mantenemos nuestro apoyo al país cubano, que lucha día a día de forma valiente contra el imperialismo.

 

Madrid, 1 de octubre de 2020

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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