La Revolución de Octubre: Lenin y Stalin

La disposición de los términos del título de este documento, primero, Revolución de Octubre y luego, Lenin y Stalin, no es por casualidad, sino que tiene una proyección hermenéutica, es decir, de interpretación cabal de las obras de Lenin y de Stalin en un periodo histórico determinado: la post revolución soviética. ¿Por qué la post revolución soviética y no la pre revolución?  La intención es establecer los criterios procedentes para enjuiciar una época terrible, que a juicio incluso de destacados bolcheviques no encajaba en los valores que se precisan para una revolución socialista que presuma de “ortodoxa”. Si solo leemos los libros de Lenin y Stalin de antes de la revolución, como es frecuente en la juventud militante, quedará impreso en nuestra memoria el socialismo ideal que subyace en sus polémicas, controversias y críticas contra los oportunistas. Pero si estudiamos también los textos redactados después de la revolución, veremos como el aura metafísica que envolvió a nuestra mente, se va disipando poco a poco, hasta quedarnos solos frente a la cruda realidad social dada, en cierto modo, inesperada para las predicciones de Lenin y de Stalin.

No es posible, por consiguiente, calibrar ni las obras ni las figuras de Lenin y Stalin en toda su dimensión, si no leemos sus informes a los sucesivos congresos y demás documentos durante la dictadura del proletariado. Son tantas vicisitudes y tantas luchas a las que se tienen que enfrentar, que solo dos líderes de sus categorías, gozando de una extraordinaria capacidad de interpretación de la realidad objetiva y de reacción ante los contratiempos, podían hacer posible que la revolución se llevase a efecto y no fracasara tempranamente.

Solo el magisterio, el temple, la seguridad en sí mismos y la total confianza en su pueblo de estos dos hombres, pudieron llevar a la URSS por los caminos de glorias, después de tres grandes guerras en su interior, nada menos que dos guerras mundiales que se saldaron con más de treinta millones de soviéticos muertos y la guerra civil revolucionaria; después, también, de la irrupción del hambre en cantidad inconmensurable, y finalmente, en medio de una lucha feroz contra los oportunistas dentro del partido, que nunca desaparecieron, por el contrario, fueron capaces de socavar la revolución hasta destruirla.

En base a estos criterios, para hacer un estudio certero de lo acecido en la URSS hasta la muerte de Stalin, y además, saborear la auténtica calidad de los dos líderes, es preciso cotejar con la realidad existente antes de la revolución, las premisas fundamentales que emergen de los escritos de Lenin y que según él deben darse para que la revolución socialista tenga sentido y éxito, solo así, repetimos, dimensionaremos en su justa medida las categorías humana y política de ambos.

¿Cuáles son esas premisas?

  • La existencia de un número predominante de empresas grandes.
  • Poseer unas fuerzas productivas altamente desarrolladas
  • Un Movimiento Comunista Internacional fuerte
  • Un Partido homogéneo en lo ideológico y en lo político y férreamente disciplinado

Examinemos punto por punto, el contenido de las premisas:

1.- ¿Por qué es buena la existencia de un número considerable de empresas grandes? Para Lenin, el advenimiento del monopolio es la señal inequívoca de que detrás solo puede venir el socialismo, debido a que las grandes empresas socializan la producción. En ellas, todo el proceso de producción desde la concepción hasta la comercialización de la mercancía, o de las mercancías, lo llevan a cabo asalariados. En ellas, también, los capitalistas son gentes extrañas, no aparecen, no intervienen en ninguna de las fases, salvo para apoderarse de la plusvalía. Además de socializar la producción, el trabajador se acostumbra a la disciplina que impone la empresa burguesa, que a juicio de Lenin será muy valiosa e imprescindible para la construcción del socialismo.

2.- La condición sine qua non para la construcción del socialismo, es la existencia de unas Fuerzas Productivas desarrolladas, lo que significa estar en posesión de alta tecnología y de un proletariado formado culturalmente.

3.- Un Movimiento Comunista Internacional fuerte, cuya solidaridad con el proceso revolucionario no se constriña al respaldo formal por medio de comunicados y de manifestaciones, sino que ha de tener la fuerza necesaria para acceder a la revolución, o al menos, impedir que su país intervenga militar, económica y políticamente, cercenando la culminación del proceso revolucionario en Rusia. Lenin aún tenía la esperanza de que la revolución se extendiera por los países más importantes de Europa.

4.- Un Partido homogéneo y disciplinado, esto es, comprensible por su magnífica misión. Un partido dividido o con fisuras, o con una disciplina relajada, sin observar el centralismo democrático férreo, estará siempre incapacitado para dirigir ideológica y políticamente el periodo de transición del capitalismo al socialismo.

Para mejor comprensión del carácter y de la profundidad de los hechos históricos, debemos señalar que Lenin no era ajeno a que algunas de las premisas estaban aún muy lejos de ser una realidad palpable. No obstante, los acontecimientos se aceleraron, al tiempo que se enconaban las diferencias sociales. En Abril de 1917, percibe y asegura que es el momento clave para proceder a la revolución y vencer a la burguesía, en contra del parecer y de la opinión de dirigentes del Partido, que les acusan de desatender las condiciones objetivas y subjetivas. Bogdánov definió las “tesis de Abril” como “el delirio de un loco”, mientras que Plejánov las calificó  de “descabelladas”.

Refiriéndose a esta etapa extraordinaria, Lenin dijo: “Tanto las tesis como mi informe suscitaron discrepancias entre los propios bolcheviques y en la misma redacción de Pravda. Después de varias reuniones llegamos a la conclusión unánime de que lo más conveniente era discutir abiertamente estas discrepancias proporcionando así material para la conferencia nacional de nuestro partido que se reuniría el 20 de abril de 1917…” -Lenin. Obras tomo 24, pág. 23-

Las Tesis de Abril son el fruto de la lectura dialéctica del desarrollo de la lucha de clases, a través de las sucesivas revoluciones en Rusia. En ellas, Lenin descifra los saltos cuantitativos y cualitativos que se suceden entre las revoluciones de 1905 y 1917. Si bien es cierto que en la revolución de 1905-1907 las fuerzas reaccionarias lograron la victoria, para Lenin era sin duda un triunfo temporal, pues subsistía la necesidad de realizar los cambios económicos y políticos en la magnitud precisa que requería el desarrollo histórico. No era casualidad que Rusia fuese la cola en los ámbitos de la economía y de la política de los Estados capitalistas más desarrollados.

Pese a que el capitalismo desarrollado se implantó tardíamente en Rusia, a comienzos del siglo XX ya había alcanzado logros muy importantes. Lenin decía que de país del arado de madera y del trillo de mano, del molino de agua y del telar casero, se había transformado en un país de arado y trilladoras metálicos y del telar movido a vapor, además, se incrementó el número de grandes empresas y fábricas, aparecieron asociaciones monopolistas, en una palabra, Rusia entró en la fase superior del capitalismo. No obstante, la economía rusa avanzaba bajo la férula del imperialismo internacional. A finales del siglo XIX los capitales de Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania se apoderaron de las ramas más importantes de la economía del país.

Empero, los restos, importantes vestigios del régimen de servidumbre y su dependencia del imperialismo foráneo, obstaculizaban el progreso de las fuerzas productivas. Estas circunstancias reacias unidas al despotismo zarista  intensificaban la opresión capitalista y terrateniente, agudizando las contradicciones de clases. Por todas estas razones maduraba la revolución, planteándose como fin principal derrocar la autocracia, liquidar la propiedad terrateniente en el campo y crear la república democrática burguesa.

La Guerra Imperialista de 1914 exacerbó aún más las contradicciones y trajo a los obreros y campesinos mayores males, a la par que produjo la gigantesca destrucción de las fuerzas productivas. Por su parte, el proletariado se había desarrollado y templado en innumerables batallas de clase. La guerra conlleva la depauperación en crescendo de las amplias masas de campesinos a la misma vez que enriquece a los kulaks. Debido a ello, durante los años de guerra continuó desarrollándose el movimiento revolucionario. La revolución se masticaba y ésta tendría la misión de llevar a cabo lo que la revolución de 1905-1907 no pudo realizar, esto es, derrocar al zarismo e instaurar la República Democrática Burguesa, liquidar todos los vestigios del régimen de la servidumbre y solventar, definitivamente, a favor de los campesinos pobres el problema agrario.

Si bien se aceptaba por todos los enemigos del régimen la necesidad de la revolución para introducir los grandes cambios que requería la situación del país, bajo el manto de la democracia burguesa, Lenin ya avizoraba profundas modificaciones cualitativas en los objetivos a alcanzar. Para él, la revolución no podía quedar en esto. En Rusia, donde existía tan deforme cruce de relaciones capitalistas y pre capitalistas, era prácticamente imposible aniquilar la supervivencia de la servidumbre sin asestar, previamente, un golpe mortífero al imperialismo, sin  avanzar hacia el socialismo. Lenin comenzó a atisbar que la segunda misión se había acercado extraordinariamente a la primera.

En febrero de 1917 las huelgas de los obreros adquirieron tal envergadura que el POSDR(b) al frente del proletariado de Petrogrado  lanzó la siguiente proclama: “¡Tenemos por delante la lucha –se decía en la hoja-,  pero nos aguarda la victoria segura! ¡Todos bajo las banderas rojas de la revolución!… ¡Toda la tierra de los terratenientes para el pueblo! ¡Abajo la guerra! ¡Viva la fraternidad de los obreros del mundo entero!”

El 27 de febrero triunfa la revolución, el Comité Central del POSDR(b) publicó el Manifiesto: –“A TODOS LOS CIUDADANOS DE RUSIA-  Han caído las plazas fuertes del zarismo ruso… La prosperidad de la cuadrilla zarista, levantada sobre los huesos del pueblo, se ha derrumbado. La clase obrera y el ejército revolucionario tienen como misión formar un Gobierno provisional revolucionario que encabece el nuevo régimen que nace”.

El mismo día 27, el Buró del Comité Central del POSDR(b) redacta la siguiente octavilla dirigida a los obreros: “Empezar sin demora a elegir en las fábricas los comités de huelgas. Sus representantes constituirán el Soviet de diputados obreros que asumirá el papel de organizador en el movimiento que creará el gobierno provisional revolucionario”

No era aún una revolución socialista, sino democrático burguesa, en la que los bolcheviques no ostentaban la mayoría en los soviets recientemente constituidos. Al mismo tiempo, los representantes de los terratenientes y burgueses, decidieron crear su propio órgano de Poder. Los avatares de las luchas derivaron hacia la dualidad de poder.

Las Tesis de Abril vienen a resolver el problema de la dualidad de poder, pues con el derrocamiento de la autocracia el proletariado solo había dado un primer paso, el segundo consistía en la toma del poder. A través de la experiencia del movimiento obrero mundial y de la práctica revolucionaria en Rusia, Lenin descubre la forma de organización política de la sociedad en el periodo de transición del capitalismo al socialismo. Pero “No una revolución parlamentaria –decía en sus tesis-, volver a ella desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás, sino una República de los Soviets de diputados obreros, braceros, campesinos de todo el país de abajo arriba”.

En la Conferencia donde se debatió Las Tesis de Abril se puso de relieve un hecho de vital importancia, si no llega a ser por la audacia y sabiduría de Lenin la revolución no se hubiese dado, pues a través de su informe, desenmascaró a los elementos oportunistas del Partido, que remaban hacia atrás, Trotsky por un lado, por su actitud aventurera, quien había propuesto anteriormente saltarse el período de democracia burguesa, en virtud de su “revolución permanente”, y por otro, Kamenev, Rykov y sus correligionarios, que intentaron por todos los medios distraer al Partido de su misión revolucionaria, pretendiendo que se dedicara a la tarea de terminar la revolución democrática burguesa,.

No es intención de este documento relatar la historia de la pre revolución soviética, ni siquiera de la etapa revolucionaria, nuestra pretensión es objetivar la revolución, demostrar que fue precedida por razones que la hicieron ineludible, pero que requería grandes dosis de firmeza y dotes de líder, que a la sazón solo Lenin atesoraba. Cualidades todas que quedan refrendadas por el acontecer en la post revolución, que de nuevo por las disimilitudes con las teorías, la puesta en práctica de medidas que condujeran eficazmente hacia el socialismo, revaloriza aún más la intervención de dirigentes sobresalientes  como exponentes  de una línea de conducta atinada, frente a una realidad contradictoria,  conducta que en cierto modo no podía discurrir por un camino trazado de antemano, sino que exigía una formación teórica extraordinaria y una sagacidad al alcance de pocos, con el fin de sortear obstáculos densos y opuestos a los propósitos, de ahí la importancia durante este tiempo de Lenin y luego de Stalin.

Periodo convulso interrumpido por guerras y por la intervención imperialista de diversas formas, con la finalidad de obstaculizar, frenar y revertir la revolución. Las guerras no son objeto de este documento, porque nos extenderíamos demasiado y nos descentraría de nuestra línea discursiva. A pesar de ello, introducimos una breve reseña de la intervención imperialista para demostrar que las secuencias de la construcción del socialismo en la Unión Soviética se ven repetidamente frenadas por las guerras o actividades imperialistas de toda índole: “El imperialismo es un fenómeno universal, es la lucha por el reparto de todo el mundo, de toda la Tierra, y por el sometimiento a uno u otro puñado de fieras. Ahora se lanzan sobre nosotros otro grupo de fieras, el grupo anglo-francés, y nos dice, os arrastraremos de nuevo a la guerra. Su guerra y la guerra civil, se funden en un todo único y esa es la verdadera causa de las dificultades del momento presente, en el que de nuevo sale a escena la cuestión de la guerra, de los acontecimientos bélicos como cuestión principal cardinal de la revolución. Y en ello consiste toda la dificultad, pues el pueblo está cansado de la guerra, atormentado como nunca por la guerra”. –V. I. Lenin Obras, 5ª ed. En ruso. T. 37, págs. 1-19 “publicado en 1919 en el libro Quinta legislatura del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia.

La construcción del socialismo exige la existencia de un Partido pertrechado ideológica y orgánicamente, y a la par, de la participación plena de un proletariado consciente y formado para  ejercer las labores de gobierno. Lenin advierte, continuamente, de las contrariedades que sobrevendrían de no cumplirse ambos requisitos y, especialmente, se manifiesta contrario a la usurpación por el partido de la misión histórica que le es conferida al pueblo: “Los ciudadanos deben participar sin exclusión alguna en la administración de la justicia y en el gobierno del país. Y para nosotros es importante incorporar a la administración pública del Estado a todos los trabajadores sin excepción. Esta tarea ofrece dificultades gigantescas. Pero la minoría el partido, no puede implantar el socialismo”.

 

Solo así el Estado adquiriría la calidad de democrático por primera vez en la historia, cumpliendo con su acepción primaria: “Gobierno del pueblo”. Ese Estado, tantas veces postulado por Lenin antes de la revolución, bajo la consigna de todo el poder para los soviets, es objeto de  especial atención después de la revolución.  Entre el 1 y 8 de Marzo de 1918 Lenin escribe en sus “DIEZ TESIS SOBRE EL PODER SOVIÉTICO”: “El desarrollo sucesivo de la organización soviética del Estado debe consistir en que todo diputado de un Soviet ejerza sin falta una función permanente en la gestión pública al paso que participe en las reuniones del Soviet, además en que toda la población sea incorporada paulatinamente tanto a participar en la organización de los soviets (a condición de que se subordine a las organizaciones de trabajadores) como  a ejercer funciones en la gestión pública”.

 

Los hechos más que tozudos, se interponen en el camino y la vieja ilusión de incorporar a los trabajadores, al pueblo en general a la gestión y administración del Estado, debe sufrir modificaciones ante el escenario post revolucionario. El proletariado y el campesinado ruso que se habían comportado heroicamente en sus episodios anteriores, que desempeñaron el papel estelar durante las revoluciones, ahora, muestra su faz oculta, era un pueblo analfabeto y raído por la sucesión de luchas de todo tipo. La revolución no puede dar marcha atrás y Lenin  advierte al Partido que no hay otro remedio que abrir un paréntesis,  hasta que el pueblo adquiera el nivel cultural que el capitalismo le negó. Mientras tanto, la revolución tuvo que recurrir a especialistas burgueses para que la administración empresarial y estatal no se atascase y muriese en el intento, al respecto Lenin propone:

 

“Conocemos perfectamente lo que significa el atraso cultural en Rusia y qué es lo que esta incultura hace con el Poder Soviético, que, en principio, ha creado una democracia proletaria incomparablemente más elevada, que ha dado un modelo de esta democracia para todo el mundo; sabemos cómo esta incultura humilla al Poder Soviético y engendra la burocracia. De palabra el aparato soviético es accesible a todos los trabajadores, pero en la práctica, como todos sabemos dicta mucho de serlo. Y no porque lo impidan las leyes como ocurría bajo el régimen burgués; por el contrario, nuestras leyes lo favorecen, pero las leyes solas no bastan. Es preciso una labor ingente educativa, cultural y de organización, labor que no puede hacerse por medio de la ley, rápidamente, sino que exige un esfuerzo inmenso y prolongado. La cuestión de los especialistas burgueses debe resolverla el congreso con entera precisión…”.

 

La revolución no debe esperar, mucho menos atorarse, así pues, el partido, los dirigentes de los soviets, y también los especialistas burgueses tenían que sustituir al proletariado hasta que éste estuviese preparado; aun sabiendo, que el burocratismo tenía muchas posibilidades de acabar con la revolución y teniendo en cuenta que los especialistas burgueses estaban impregnados de la ideología capitalista: … “Y no lo podemos hacer sin recurrir a los especialistas burgueses. Hay que decirlo de una vez para siempre. Ciertamente la mayoría de estos especialistas está impregnada hasta la médula de ideología burguesa…”

           Más tarde Lenin se ve precisado a salir al paso de las criticas soterradas de los opositores, que no cesan de agruparse en corrientes contrarias al leninismo, utilizando para ello los obstáculos que niegan el proceso revolucionario, con el propósito de exigir abiertamente, o en forma velada,  que la revolución de marcha atrás.  Ante los cuales Lenin jamás retrocede y los repele utilizando la verdad como arma arrojadiza. Para Lenin, la verdad siempre fue revolucionaria: “Hemos hecho todo lo necesario para suprimir estas trabas, pero hasta hoy no hemos podido lograr que las masas trabajadoras puedan participar en la administración: además de las leyes existe todavía el problema del nivel cultural que no puede someterse a ninguna ley. Este bajo nivel cultural hace que los soviets, siendo por su programa órganos de administración ejercida POR LOS TRABAJADORES, sean en la práctica órganos de administración para los trabajadores ejercida por la capa del proletariado que constituye su vanguardia Y NO POR LAS MASAS TRABAJADORAS…. En el presente, esta tarea ofrece para nosotros dificultades inmensas, porque, como ya he tenido ocasión de señalar más de una vez, la capa de obreros que integra los órganos de administración del Estado es excesivamente, increíblemente escasa.

… La burocracia ha sido vencida. Los explotadores han sido eliminados, pero el nivel cultural no ha subido, razón por la cual los burócratas, ocupan  sus antiguos puestos.”

 

Al hablar del atraso cultural del pueblo trabajador, nos estamos refiriendo a una parte de la premisa que con más fuerza incide para que una revolución socialista tenga sentido y éxito, las fuerzas productivas. El segundo  elemento integrante de las fuerzas productivas, los medios de producción, la alta tecnología, que presentaba un gran déficit durante el régimen zarista, después de tantos conflictos retrocede en cantidad y calidad, fenómeno tenido en cuenta por el partido desde antes de la revolución. En el IX Congreso de los Soviets celebrado el 15 de Marzo de 1921, Lenin se refiere a este problema tan importante: “Pensábamos invertir nuestras reservas de oro en obtener medios de producción. Lo mejor sería fabricar nuestras propias máquinas, pero aún si las compramos con eso no reconstruiremos nuestra industria. Para hacerlo es preciso que haya un obrero y un campesino que puedan trabajar; y en la mayoría de los casos no están en condiciones de hacerlo: están agotados, extenuados. Hay que ayudarlos y hay que invertir las reservas de oro en artículos de consumo, a pesar de lo que decía nuestro viejo programa. Ese programa era teóricamente correcto, pero prácticamente inconsistente. […] Si recibimos mercancías para el campesino, será, por cierto, una violación del programa, una irregularidad, pero debemos tener una tregua, porque el pueblo está extenuado hasta tal punto que no puede trabajar”

En este mismo año, y a propuesta de Lenin, se crea la NEP con el propósito de dar más fuerza y vitalidad  a la economía  sujeta por las inferencias catastróficas de la guerra mundial, la hambruna, la guerra civil y la revolución “No somos lo suficientemente civilizados para pasar directamente al socialismo, a pesar de que las políticas tienen sus primeros frutos” Lenin: Más vale menos pero mejor, Marzo 1923.

Los problemas de la economía, y de las fuerzas productivas en Rusia, están mediatizados por la cantidad de sistemas productivos que convivían en la sociedad rusa, a los que se tiene que enfrentar la revolución. El Che Guevara dijo que en toda sociedad de clases, los modos de producción preponderantes comparten espacio con las secuelas del modo de producción anterior, y con las premisas del próximo. Esta Ley se altera y agrava en Rusia que soporta cinco sistemas:

  • Economía campesina patriarcal
  • Pequeña producción mercantil
  • Capitalismo privado
  • Capitalismo de Estado

La premisa pre revolucionaria por excelencia es el Partido,  también obra de Lenin que supo desde el primer instante la importancia que tendría el centralismo democrático, sostén y reproductor de energías y vitalidades, pero antes que nada, de disciplina democrática, única forma de mantener como una piña, posiciones encontradas que se someten a la opinión mayoritaria. Siempre se recordará que el Partido Obrero Social Demócrata Ruso, nació de la confluencia de círculos marxistas expandidos por toda Rusia, que maduraron aislados hasta su unión definitiva, portando lógicamente cada fracción sus peculiaridades y  subjetivismos originales. Estamos en condiciones de afirmar que si no llega a ser por esa disciplina aceptada y practicada por todos los militantes, hubiese sido imposible el advenimiento de la revolución socialista. Pese a sus reglas estrictas, las fracciones e intentos de socavar la unidad del Partido se sucedieron en todas las épocas, de ahí, de nuevo, el reconocimiento de los liderazgos de Lenin y Stalin, apoyados siempre por unas bases disciplinadas, capaces de sofocar todo intento de aniquilamiento. En su documento “ACERCA DE LAS MEDIDAS PARA ATENUAR LA LUCHA INTERNA DEL PARTIDO” Stalin nos recuerda que las luchas se daban desde siempre; aunque en la época de Lenin se solventaba disciplinadamente: “En los tiempos viejos los bolcheviques acostumbrábamos a proceder así, si en el Partido quedaba en minoría una parte, ésta no solo acataba las decisiones de la mayoría, no solo las aplicaba sino que, incluso sus componentes pronunciaban conferencias públicas en defensa de las decisiones del Partido”  Obras Escogidas T. VIII pág. 81 año 1926.

Conviene recordar las palabras de Lenin para comprender la importancia que adquiere el Partido en la revolución, y que le hace acreedor del odio más encendido de los burgueses y oportunistas: “Seguramente hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran mantenido en el Poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea de nuestro Partido, sin el apoyo total e indefectible prestado a él por toda la masa de la clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de arrastrar a las capas atrasadas”

Tal vez sea éste el motivo por el que el enemigo intenta inocular el virus de la degeneración, de la indisciplina para infestar la militancia. Es preciso incidir en que el partido tiene su lugar en la historia, más allá de su ubicación natural se desfigura y en el caso de la revolución fue el blanco de los enemigos que incluso intentaron minarlo desde dentro tal cual decía Lenin: “Los burócratas zaristas han comenzado a pasar a las oficinas de los órganos soviéticos, en los que introducen sus hábitos burocráticos, se encubren con el disfraz de comunistas, y para asegurar un mayor éxito en su carrera, se procuran carnet del PC de Rusia ¡De modo que después de ser echados por la puerta, se meten por la ventana…!”

Para no abstraernos de una realidad demasiado cruda, es muy conveniente desmitificar la figura del Partido, al que se ha tenido siempre por un ente compuesto por hombres y mujeres superhéroes, impolutos que lindaban con la perfección. Nada de cuanto existe y es producto de las sociedades divididas en clases, mucho más del capitalismo puede ser perfecto, ni por el hecho de haber ganado la revolución. El partido es un reflejo de la sociedad, que necesita depurarse en todo momento. Una vez dicho esto, el papel pre revolucionario que desempeñó el POSDR demostró, que sin su existencia el proletariado no puede cumplir con su misión histórica, porque es su vanguardia, su corazón y su cerebro.

Ni siquiera en tiempos de euforias, el partido debió sus éxitos a sacrosantas virtudes intelectuales de sus militantes de base, sino a la bendita disciplina, a la entrega y confianza en la dirección del partido; aunque, la creencia general en el Movimiento Comunista Internacional, era la de militantes impecables, gente con una capacidad sobrehumana para interpretar el marxismo-leninismo. Stalin nos saca del error descendiendo a las entrañas humanas de unos hombres y mujeres sencillos, que veían en el partido una escuela para aprender a servir a los demás, en la que tenían cabida personas sencillas sin más formación que su fidelidad y amor a la revolución:  “La promoción leninista. No voy a extenderme señalando que la promoción leninista, es decir, el ingreso en nuestro partido de 200.000 nuevos militantes obreros, evidencia la profunda democracia de nuestro partido, evidencia que nuestro partido constituye en esencia un organismo electo de la clase obrera… Unos dicen que hay que ir más lejos, elevando a un millón el número de militantes. Otros quieren ir más allá y afirman que sería mejor llegar a los dos millones… Esa es una tendencia peligrosa. Los mayores ejércitos del mundo perecieron porque se dejaban arrastrar por el entusiasmo, se apoderaban de mucho, y después incapaces de digerir el botín se descomponían… En el partido había un 60% de camaradas sin preparación política. Eso era antes de la promoción leninista y me temo que después de este porcentaje llegue al 80%. ¿No es hora ya de que nos detengamos, camaradas?”  Stalin. Obras T. VI (1924).

Quienquiera que estudie la historia de Stalin a través de los libros burgueses se hará a la idea de un ogro irreflexivo, que con tal de conseguir sus objetivos y de magnificar su mandato era capaz de todo, incluso de asesinar. Esta idea de Stalin contrasta con el Stalin real recubierto de un espíritu de creatividad y de superación envidiable. Un año después de la muerte de Lenin en contra de la opinión de Bujarin y otros, quienes se declararon grandes defensores de la continuidad de la NEP, Stalin propugna su abandono y reemplazarla por planes quinquenales, una vez, que había cumplido con el propósito que le encomendó Lenin al fundarla, que no obstante sufría contradicciones colaterales, como el fortalecimiento de los kulaks y propiciaba el nacimiento de una burguesía poco deseosa de que el socialismo acabase triunfando.

Comienza una nueva etapa, decisiva, no solo para consolidar la dictadura del proletariado, sino para avanzar por la senda del socialismo, lleno de brozas, con un partido más numeroso, pero poco formado; aunque, con la previsión de Stalin de aumentar sus conocimientos políticos, tan necesaria para dirigir un proceso revolucionario, mucho más exigente que antaño, con unas fuerzas productivas en progreso; pero, con un campesinado cansado y la oposición dentro del partido mucho más sañuda y combativa contra las tesis leninistas, que impele a Stalin a escribir “Cuestiones del Leninismo”, en donde revalida su profesión leninista, en donde además, arrecia su lucha contra el revisionismo dentro del partido que muestra su fiereza extrema.

Stalin con una visión extraordinaria del momento comprende y asume mejor que nadie que “ahora o nunca”. O se daba el salto definitivo, o por el contrario, todo se acaba. El pueblo no puede ser sacrificado perpetuamente. Gracias a la planificación quinquenal durante la gran depresión capitalista del 1937, Stalin se jacta de los avances económicos de la URSS, a la que la crisis no le afecta en absoluto

El motivo primordial del plan quinquenal, no era otro que transformar la URSS en un país industrial y hacer desaparecer todos los elementos capitalistas, con el propósito de implantar definitivamente las formas socialistas de la economía. En conclusión estaba orientado a hacer desaparecer las clases en la URSS y dar el salto cualitativo hacia la construcción de la sociedad socialista. Stalin concluiría: “Finalmente, la labor del plan quinquenal consistía en crear en el país todas las condiciones técnicas y económicas necesarias para aumentar al máximo la capacidad de defensa del país, para permitirle organizar una respuesta vigorosa a todas las tentativas de intervención armada, a todos los intentos de agresión armada del exterior, o de donde quiera que provengan.”

 

De nuevo la guerra de 1941 truncaría los anhelos del pueblo. En ella murieron 26 millones de ciudadanos soviéticos. Gracias a la dirección del Partido dirigido por Stalin certifica la derrota del fascismo. Gesta enorme, que el capitalismo intenta pasar de soslayo y atribuírsela así mismo.

Stalin murió cuando sus previsiones, sus deseos se estaban convirtiendo en realidad. La URSS comenzó a ser una potencia mundial. El país se había industrializado, se llevó a cabo la Reforma Agraria a través de la cual se colectivizó el campo. Los avances fueron descomunales en la creación de escuelas, en el trabajo, la salud, en una palabra la URSS iba camino de equipararse a los EE.UU, en la industria y superándolo en lo social y en las ciencias.

Lenin y Stalin, demostraron que el socialismo, pese a todas las trabas, guerras, hambre, millones de muertos y todo tipo de calamidades y de hostigamiento por parte del capitalismo internacional, era superior al sistema de producción burgués. Sin embargo, las sucesivas interrupciones y los abundantes períodos críticos no permitieron el acendramiento total del Partido, ni culminar el proceso de democratización, los burócratas, funcionarios del partido en gran número aún, pervivía en las administraciones y los oportunistas estaban encaramados en la dirección del Partido, Hay que recordar que Stalin alcanzó la Secretaria General del PCUS, gracias a los cuadros intermedios y no por las altas instancias. Las direcciones fabriles estaban bajo el dominio de burócratas, etc. Todos ellos vieron el camino expedito a la muerte de Stalin.

Hoy, la burguesía mundial así como falsos comunistas y revisionistas, nos venden el retrato de un Stalin malvado, asesino, depravado en todos los sentidos y ello es normal, porque ¿cómo explicar al pueblo que bastaron tan solo cuatro décadas al Partido Comunista de Lenin y Stalin, para poner a su pueblo a la altura del capitalismo más desarrollado que llevaba en la Tierra cinco siglos?.

 

COMISIÓN IDEOLÓGICA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)




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