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Oportunistas y fascistas, todos al servicio de la burguesía. Respuesta a Alberto Garzón

El pasado día 24 de septiembre, el periódico digital eldiario.es publicó un artículo en su Tribuna de Opinión del Coordinador Federal de IU y diputado de Unidos Podemos, Alberto Garzón, titulado “Nuestros retos” en el que pretende realizar un diagnóstico del porqué del crecimiento de la extrema derecha, haciendo un análisis con el que pretende definir qué características debe tener el proyecto político, fundamentado en las ideas y principios de la izquierda, así como su táctica, que atraiga a las clases populares para impedir que la extrema derecha avance. Concluyendo Alberto Garzón su análisis indicando que “la clave de afrontar victoriosamente nuestros retos puede reducirse a los siguientes elementos: proyecto político y conflicto social. Si somos capaces de entender que la máxima anguitista debe ser reformulada, para evitar malinterpretaciones, desde «programa, programa, programa» a «proyecto, proyecto, proyecto» entonces estaremos en condiciones de poner en lo más alto aquello que más importa, es decir, el contenido político que ofrece soluciones concretas a la vida de la clase trabajadora y del pueblo en su conjunto. Eso implica, obviamente, definir y hablar claro; sonar duro y diferente. Y con ese proyecto en la mano, hemos de ser y estar en el conflicto, explicando y haciendo proselitismo para una causa que merece la pena. Yo la llamo socialismo, pero estoy dispuesto a discutir el nombre a condición de que haya praxis.”.

La causa por la que dice apostar Garzón es el socialismo, la misma sobre la que manifiesta estar “dispuesto a discutir el nombre a condición de que haya praxis”. La clave para estar en condiciones de pelear por la causa del socialismo pasa por “que la máxima anguitista debe ser reformulada, para evitar malinterpretaciones, desde «programa, programa, programa» a «proyecto, proyecto, proyecto»”, para poder “definir y hablar claro; sonar duro y diferente”, o lo que traducido del lenguaje garzoniano es “ ir a la raíz del problema en términos de contenido” e “impugnar el sistema, hablar de un modo distinto al que hablan los que defienden el sistema – aquí, de nuevo, tanto de contenido como de estilo”.

El Socialismo es el sistema económico basado en la propiedad social de los medios de producción. Hemos de subrayar que la organización de Alberto Garzón, Izquierda Unida, ni en la época de Anguita, ni posteriormente, jamás apostó por el socialismo, sino por todo lo contrario. Es bueno recordar a Cayo Lara cuando en octubre de 2011 señalaba que “el socialismo se puede construir con la actual Constitución Española”, cuando tanto la doctrina del Tribunal Constitucional como la propia Constitución Española de 1978, realizada y firmada por el PCE, imponen el capitalismo, o economía de “libre” mercado, otorgando al Estado la capacidad de defender el capitalismo con todos sus instrumentos, incluido el Ejército. Y también es bueno recordar a Julio Anguita, ese militante de la Declaración de los Derechos Humanos y de la legalidad burguesa, que junto con Xose Manuel Beiras, son nombrados como referencias por Garzón cuando nos afirmaba que “Yo, que soy comunista, hace tiempo renuncié a plantear el comunismo como alternativa o el socialismo, porque eso no llega a la gente. A la gente sí le llega un derecho humano” indicando Anguita, justo antes de las pasadas elecciones lo siguiente “Me dirigiré a la mayoría de la población, a las capas medias, a los trabajadores, y también a una parte de la izquierda sobre sus métodos, para señalarles que el objetivo es obtener el respaldo de la mayoría. Sumar a la mayoría sin desdecir nuestro mensaje, explicando que desde la izquierda sumanos a la inmensa mayoría, con los Derechos Humanos, la legalidad, el Estado de Derecho. Es decir, le tenemos que robar a la derecha las palabras vacías que ellos usan sin contenido cuando dicen “Estado social y de Derecho, o Constitución española… Nosotros las tenemos que llenar de sentido. Y quitárselas a ellos porque las están prostituyendo”, de tal modo que a la pregunta “¿Qué temen el BBVA y el Santander, qué teme el IBEX, qué temen los poderosos de Unidos Podemos?” no dudó en responder lo siguiente: “Le temen a la ley…”.

Defender la Constitución Española y la Declaración de los Derechos Humanos es defender la explotación del hombre por el hombre y, en consecuencia, defender el capitalismo puesto que la asunción del salario implica asumir el trabajo asalariado y, por consiguiente, la explotación capitalista tal y como Carlos Marx demostró.

Alberto Garzón, por mucho que en los platós de la televisión burguesa y en los artículos periodísticos que signa se autodenomine como socialista y comunista, en realidad es un oportunista cuya función es servir a la burguesía engañando a los obreros para distorsionar la percepción de la realidad objetiva de éstos, así como deformar el socialismo y el comunismo mostrándoles a los trabajadores una imagen que, en absoluto, se corresponde con la realidad de ambos sistemas. Siendo su artículo un ejemplo de prestidigitación oportunista.

Pero ¿De qué socialismo nos habla Garzón? ¿De qué praxis? El pasado 7 de julio de 2014, en el periódico El Mundo, se publicó una entrevista en la que Garzón a la pregunta “Defínase a sí mismo ideológicamente” respondía “soy socialista y republicano e identifico en el capitalismo la causa de los mayores problemas de esta sociedad, como el desempleo y la pobreza. Soy republicano porque soy muy demócrata y creo en los valores de la ilustración, del Estado de Derecho y de la participación política”. La periodista insiste preguntándole “¿Es comunista?” a lo que Garzón respondió “Sí, soy miembro del Partido Comunista”. La periodista, oliendo las inconsistencias ideológicas de Garzón, le pregunta “¿Por qué se define como socialista y no cómo comunista?” Garzón claramente nos muestra su faz burguesa respondiendo “El comunismo es un tipo de socialismo. Creo en la necesidad de superar el capitalismo, pero claro, no tomando como modelos a la extinta URSS o Corea del Norte. Yo no tengo modelos porque se puede aprender de todos. Si vamos a construir una nueva sociedad, tenemos que nutrirnos, por ejemplo del Estado del Bienestar noruego, de la participación política de Suiza, de los instrumentos revocatorios de Venezuela o California… Aprender de las mejores experiencias y corregir lo que ha fallado, y eso implica no ser dogmático, no calcar un modelo”.

Ni que decir tiene que el comunismo no es un tipo de socialismo, como erróneamente advierte Garzón, pero sobretodo, lo reseñable, es que este sujeto rechaza abiertamente el socialismo – repudiando ejemplos de éste como la URSS o Corea del Norte – y abraza la superestructura burguesa que brota del capitalismo, pues ni en Noruega, Suiza, Venezuela o en el estado de California – estado federado a los EEUU – jamás ha existido el socialismo. Lenin, en El Oportunismo y la bancarrota de la II Internacional, caracteriza perfectamente lo que abraza Garzón cuando nos señalaba “El contenido político del oportunismo y del social-chovinismo es el mismo: colaboración de clases, renuncia a la dictadura del proletariado, renuncia a la acción revolucionaria reconocimiento sin reservas de la legalidad burguesa, desconfianza hacia el proletariado, confianza en la burguesía.

Siendo un oportunista, y un declarado enemigo del socialismo y del comunismo, no es de extrañar que Garzón apueste por una praxis reformista, que no atente contra el sistema económico capitalista ni se salga de los cauces estrechos del legalismo, como lo demuestra Garzón cuando empieza a referirse a ésta: “a mí no me parece suficiente ser altavoz de las denuncias surgidas en los conflictos sino que hemos de ser intelectual orgánico para explicar las causas últimas de esos conflictos. Es decir, no se trata sólo de trasladar lo que sucede en la calle al parlamento – que es de por sí, un avance – sino ir más allá y, además de ser el conflicto mismo, ser capaces de explicar a los afectados y al resto de la clase trabajadora que detrás del fenómeno del conflicto hay una interrelación compleja de causas y responsables que tienen que ver con el sistema económico capitalista y con su cristalización política en los partidos del régimen. (…) Obsérvese que en nuestro país ya hemos presenciado ejemplos de estas prácticas. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, por ejemplo, no es sólo la autoorganización de las víctimas de los desahucios y las estafas hipotecarias. Más bien es un proyecto de defensa popular que ha contado con dirigentes que han sabido ser conflicto y al mismo tiempo explicar sus causas de tal forma que la rabia de la víctima se elevaba a compromiso político – aunque este compromiso no fuese estrictamente socialista”. En este ejemplo, Garzón nos ilustra por dónde debe ir la labor práctica, por un lado, ubica el Parlamento como el lugar de la resolución de los conflictos de la calle, del Pueblo Trabajador, y por otro lado aspira a dirigir el conflicto y explicarlo, a la forma del oportunismo claro está, de tal modo que obtenga un beneficio electoral que le permita ganar fuerza en la lucha parlamentaria y, por supuesto, que no se sobrepasen los marcos de la legalidad y del estado burgués, a imagen y semejanza de lo que están realizando sus colegas de Podemos. Por supuesto, nada de ir desarrollando los embriones de los futuros órganos de poder del proletariado, y mucho menos guiar a los trabajadores en la necesidad de acabar con la propiedad privada de los medios de producción y alzar su estado mediante el cual impongan su dictadura, la del proletariado, que será la forma de estado más democrática que jamás pueda alcanzar.

Garzón, cuyo actuar siempre ha estado influenciado bajo los parámetros del anticomunismo y del oportunismo (ATTAC, PCE/IU, Unidos Podemos) y desde las instituciones burguesas, señala a la “institucionalización” como responsable, en un grado elevado, de que las masas estén alejadas de lo que él denomina “izquierda tradicional”, poniendo como ejemplo la experiencia del 15M y su rechazo a esa “izquierda tradicional”.

El 15M fue una válvula de escape estimulada por el sistema para que una parte de la sociedad, azotada por la crisis, encauzara su indignación, y su ira, por la senda del sistema capitalista y de su superestructura política y, de paso, impedir que esa parte de la sociedad, con su rabia, transitaran por el camino de la lucha de clases, de tal modo, que esa indignación y rabia se convirtiera en rebeldía revolucionaria que cuestionase el sistema y buscase la salida de clase: El Socialismo. Por tanto, y como el 15M fue un movimiento que no brotó de la clase obrera, jamás enraizó en los centros de trabajo ni en las capas más avanzadas del proletariado.

Este movimiento indignado enarbolaba la bandera de la espontaneidad y la abjuración de la organización conformándose como un movimiento amorfo que, en principio, pregonaba el apartidismo y la horizontalidad y que, al igual que sirvió para encauzar la indignación de un sector de la sociedad en aquélla fase de la crisis, a caballo entre las elecciones municipales y las generales de 2011, ante la falta de respuesta y salida de clase fue progresivamente deshinchándose. La prueba de que esa fórmula para encauzar la indignación creada por la agresión de la burguesía a las clases populares portaba la aceptación de la burguesía es que el Estado, en lugar de abortar y reprimir las movilizaciones – que es la forma natural en la que actúa -, las admitía. Una vez el 15M amainó, y a pesar del boicot informativo permanente en contraposición al tratamiento realizado al 15M, ampliamente difundido por los medios del capital, la clase obrera arreció en su movilización al margen de éste como lo demuestra el incremento de horas perdidas por huelgas en los años 2012 y 2013 que frenaron en seco ante la conformación como partido político de PODEMOS en el año 2014, partido promocionado, al igual que sus líderes, por los medios de comunicación del Capital.

Sarkozy en 2008 afirmaba que debían “refundar” el capitalismo, algo que apoyaban la inmensa mayoría de los dignatarios mundiales. Es evidente que cuando hablaba de refundar a lo que se refería, como hemos podido comprobar, es a que la posición de los monopolios debía avanzar, la dictadura de éstos debía ser más férrea a nivel mundial. Para ello, era fundamental no sólo liquidar los prácticamente inexistentes derechos que los trabajadores mantenían y agudizar el robo y la explotación, sino también remodelar y reforzar, sobre todo en los países europeos, la pata izquierda del imperialismo, la socialdemocracia, y alejar que el cauce de la indignación y, por el otro, reordenar el mundo a su favor y para ello no dudaron, ese año 2011, en emplear la táctica del movimiento “indignado” y de las primaveras árabes, apoyados a ultranza por la intelectualidad pequeñoburguesa y por el oportunismo, esa capa traidora y corrupta del proletariado vendida y al servicio de los monopolios, enemiga de la clase obrera.

Garzón idealiza el 15M, pues ese movimiento fue la cristalización práctica del ideario de ATTAC de que el pueblo, organizado en plataformas, pueda salvar a la democracia – burguesa claro está – que se encuentra secuestrada por los Mercados. Nuevamente el oportunismo, amamantado por los pechos de los monopolios, liquida la naturaleza de clase de los problemas de la sociedad, del problema del estado y de la crisis, guiando al proletariado por los caminos del imperialismo e impregnándolo de la ideología burguesa, es por este motivo por lo que tanto el 15M, como el desarrollo de PODEMOS como partido político férula de reconstrucción de la pata izquierda de los monopolios ante la bancarrota de la socialdemocracia – o lo que es lo mismo reconfigurar su democracia burguesa -, han tenido todos los focos mediáticos, acompañado por campañas contra el comunismo cada día más feroces, para hacer que el anticomunismo cale entre los trabajadores, con el objetivo de desviar al proletariado de su misión histórica, el Socialismo, puesto que impedirlo es condición necesaria e imprescindible para la permanencia vital tanto de la burguesía y sus monopolios.

En consecuencia, ni el 15M es un movimiento clasista que parta de la clase, ni en él estuvo la clase obrera en el concepto marxista-leninista del término, ni es un movimiento que persigue la organización de las clases populares para superar el capitalismo sino, todo lo contrario, fue parte de una estrategia a nivel internacional del imperialismo para tratar de perpetuar su dominio donde nuevamente los monopolios han tirado de sus lacayos oportunistas para tratar de perpetuar el imperialismo.

Y esto, la construcción de un movimiento indignado enemigo de la lucha de clases y defensor del sistema se puede visualizar en la práctica, el día 1 de julio de 2011, el periódico del KKE Rizospastis publicaba un artículo titulado “La protección de lucha por el PAME impidió el plan de provocación organizado” denunciaba lo siguiente: “El gobierno utilizó el movimiento de los “indignados” en la plaza Sintagma, que contó con la participación de gente corriente, y caracterizó su lucha pacífica en oposición a las huelgas que fueron caracterizadas como violentas. Según una información que teníamos antes de la huelga de 48 horas, el plan incluía un montaje con encapuchados, grupos de aficionados de equipos, matones a sueldo de clubes nocturnos y otros mecanismos que atacarían al PAME supuestamente por razones ideológica. De esta manera la policía podría atacar al pueblo debido al conflicto recurriendo a la represión como una opción forzada. Querían identificar al PAME con este tipo de violencia, demostrar que los indignados no quieren al movimiento de clase, los partidos y especialmente el KKE.

Sin embargo, tanto Garzón como el oportunismo, idealizan el 15M, lo idolatran y se esfuerzan en la construcción de un relato que les permita mostrarse como hijos de un movimiento popular de supuesto “rechazo” al sistema, mostrarse como lo nuevo, pretendiéndose mostrar libre de los vicios de “la izquierda tradicional” o, mejor dicho, del oportunismo, desarrollando un auténtico ejercicio de revisionismo. El 15M para ellos es el movimiento que pretende justificar que ellos significan la ruptura, “el sonar duro y diferente”, en convertirse en los intérpretes genuinos de las masas proletarias – a pesar de que la inmensa mayoría de ellos no ha pisado un tajo en su vida – erigiéndose en los herederos de un movimiento que repudia la lucha de clases y que su esencia es sostener el sistema capitalista. En este proceso, Garzón denuncia e identifica a la “institucionalización” como fenómeno de alejamiento de las masas y la “izquierda tradicional”, ubicando el origen de dicha “deriva política que capturó a muchos de ellos (…) en la lógica institucional”en la transición, hasta llegar a la famosa frase de Carrillo en el Congreso, en 1978, según la cual «se trata de una constitución –y por eso vale para todos- con la cual sería posible realizar transformaciones socialistas en nuestro país»”.

En esta dirección, Garzón abunda indicando que “El principal problema de la institucionalización es político, y es que parte de la asunción de que el instrumento prioritario para transformar la sociedad es el ámbito jurídico/legal. Esto supone ignorar el contexto internacional de la globalización neoliberal -que reserva al Estado-Nación un papel subalterno- pero sobre todo ignorar la naturaleza del Estado, que como relación social es la condensación de la correlación de fuerzas en toda la sociedad. Una correlación de fuerzas que, sobre todo, se constituye fuera de las instituciones legales”.

Garzón denomina institucionalización a lo que debería llamar oportunismo, y más en concreto oportunismo de derechas en su versión práctica. Señala como problema principal la práctica del legalismo y del reformismo porque ello supone ignorar, por un lado, la naturaleza del Estado y, por el otro, el rol subalterno del Estado-Nación como consecuencia “de la globalización neoliberal”.

Con respecto a la naturaleza del Estado nos señala “que como relación social es la condensación de la correlación de fuerzas en toda la sociedad”. Atendiendo a estas palabras de Garzón, el Estado sería un instrumento neutro cuyo carácter vendrá determinado por la “correlación de fuerzas en toda la sociedad”, correlación de fuerzas que, según el propio Garzón “se constituye fuera de las instituciones legales”, por ejemplo mediante las elecciones, con el objetivo de que la correlación de fuerzas permita dirigir el Estado, el cual no es necesario destruir ni superar. O lo que es lo mismo, llegar al mismo lugar adonde aspiraba llegar Carrillo y todos los oportunistas, como Garzón. Esta concepción del Estado encaja de manera milimétrica con los postulados teóricos del eurocomunismo como, por ejemplo, Poulantzas. Los oportunistas como Garzón niegan la dialéctica y el materialismo histórico, de tal modo que ellos ubican la conciencia social como lo fundamental y omiten al ser social, cuando en realidad es el ser social – la vida material de la sociedad, su producción y reproducción, lo que es la base económica – la que determina la conciencia social. La negación de este axioma por parte de Garzón implica que para él la base económica capitalista es eterna, puesto que no interrelaciona estructura con la superestructura y, por tanto, considera que debe inferir únicamente sobre la superestructura profundizando en la democracia burguesa como fórmula para arribar al socialismo dejando incólume la estructura capitalista. Es por ello que los oportunistas como Garzón rechazan la revolución socialista y también la concepción del Estado como instrumento de dominación de clase tal y como lo conciben Marx, Engels o Lenin. Engels consideraba al Estado como “una máquina de represión de una clase por otra, sea monarquía o sea república democrática”. Es curioso que Garzón se aleje de “la izquierda tradicional”, del oportunismo, queriéndose mostrar como lo novedoso, heredero del 15M y, sin embargo, bebe en las fuentes de lo viejo, de Poulantzas, de Gramsci, es decir, del oportunismo clásico.

Y es que la concepción de Estado expresada por Garzón, calcada a la concepción de Poulantzas, choca cuando Garzón reprocha la práctica legalista y reformista del oportunismo como fórmula para la transformación social – que él critica de boca y practica de hecho –indicando que esta forma de proceder políticamente “ignora el contexto internacional de la globalización neoliberal -que reserva al Estado-Nación un papel subalterno-”. Ciertamente, con el desarrollo del imperialismo o capitalismo monopolista, se va transformando la superestructura emanada de dicha base económica y, consecuentemente, también el papel del Estado, demostrándose la premisa marxista de que el ser social determina la conciencia social, y no al revés y, por tanto, rompiendo la cerviz a la caracterización del Estado planteada por el oportunismo.

Conforme profundiza la crisis económica del capitalismo, la oligarquía se ve obligada a agudizar la explotación en todos los rincones del planeta, a multiplicar las guerras imperialistas y los golpes a los gobiernos de países con objeto de enriquecerse mediante el pillaje, conquistando a sangre y fuego los mercados y, con todo ello, va modelando la superestructura. Decía Lenin en “el imperialismo y la escisión del socialismo” que “el capital financiero tiende a la dominación, y no a la libertad”. La reacción política en toda la línea es rasgo característico del imperialismo”, en consecuencia, el desarrollo del capitalismo monopolista y parásito conduce a la reacción política, al fascismo. Y este fenómeno es el que en la actualidad está ocurriendo. Lenin responde a la perfección a Alberto Garzón mostrándole el porqué el papel subalterno del Estado-Nación amparándose en el desarrollo del capitalismo explicado a través de la dialéctica – como la superestructura es determinada por la base económica y cómo va variando a lo largo del desarrollo de la base – cuando señala lo siguiente: “El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre está repartido entre estos “potentados del capital” bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera(…) De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las “grandes” potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios de todo género de la opresión nacional.”.

Pero no sólo la reacción política, el fascismo, es una característica del imperialismo, otra es la tendencia a la corrupción y a la escisión del movimiento obrero, estimulando para ello al oportunismo y a la “aristocracia obrera” sobornada por la superganancia monopolista; y es en este bando donde está instalado Alberto Garzón y los que son como él, donde destaca Tsipras – aplaudido por Garzón, Iglesias, y compañero de correrías de éstos en el Partido de la Izquierda Europea – que está aplicando a rajatabla la política de los monopolios poniéndole una alfombra roja a Amanecer Dorado e ignorando la voluntad de su pueblo expresada en referéndum, que rechazaba tanto el memorando como las políticas que Tsipras aplica.

Garzón procura no hablar de imperialismo, lo oculta, y habla en su lugar de “globalización neoliberal”, y tiene su lógica, puesto que de esta forma habilita a la socialdemocracia – que es lo que Garzón abraza – como salvadora del imperialismo cumpliendo su función de desviar al proletariado del cumplimiento de su misión histórica: Acabar con el capitalismo putrefacto mediante la Revolución socialista, alzar el Socialismo e imponer la Dictadura del Proletariado como forma política para ir extinguiendo progresivamente las clases sociales, y el Estado, y llegar al Comunismo.

Fascismo y oportunismo son dos caras de la misma moneda imperialista, dos productos genuinos del imperialismo, de su corrupción generalizada, y ambos luchan por el mantenimiento del dominio de la burguesía, de sus privilegios, de la explotación del hombre en un grado superlativo.

Es falso “que el crecimiento de la extrema derecha se basa (…) en la promesa de seguridad que ofrecen a los sectores desprotegidos de una sociedad” como dice Garzón. El auge de la extrema derecha, de la reacción política, es consecuencia de la crisis económica, cada día con una profundidad mayor, que degenera en crisis política; un sistema económico quebrado donde los mercados se hallan saturados, donde el incremento de la productividad satura todavía más los mercados y empujan a millones de obreros al paro forzoso, donde la economía especulativa multiplica por 125 a la economía productiva, conducen a la burguesía monopolista, a la oligarquía financiera, a machacar a las clases populares, a agudizar al máximo la explotación capitalista, robar a sangre y fuego a los pueblos del mundo, repartirse el mundo en base a la fuerza militar. Y todo ese sometimiento únicamente puede hacerlo la burguesía mediante su dictadura en la forma más reaccionaria y criminal, mediante el fascismo que es la última barrera de protección de la burguesía, y su sistema. Tal y como indicaba Dimitrov, “el fascismo es el poder propio del capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y la parte revolucionaria de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo en política exterior es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos”, y todo ello hoy lo vemos no sólo en la extrema derecha, sino en socialdemócratas como Hollande, auténtico ídolo de masas en IU en 2012 como los testimonios de Cayo Lara o Diego Valderas lo acreditaron, o en los conservadores, es decir , en los “demócratas” burgueses cuando nos hablan de la superioridad de los “valores” occidentales y de su falsa democracia, cada día más reaccionaria, para justificar sus guerras de carroña; ello lo vemos en la represión cada día más bestial y despiadada contra sindicalistas, contra trabajadores conscientes, en el mayor robo contra el pueblo. La ley mordaza, la ley de la seguridad ciudadana, las reformas laborales, las modificaciones del Código Penal han llevado a la clase obrera en el estado español a la ilegalización, cualquier acción del proletariado por conquistar mejores condiciones de vida la lleva a situarse fuera de la estrecha legalidad burguesa. Decía Dimitrov que el avance del fascismo “revela la debilidad de la propia burguesía que tiene miedo a que se realice la unidad de lucha de la clase obrera, que teme a la revolución y que no está ya en condiciones de mantener su dictadura sobre las masas con los viejos métodos de la democracia burguesa y el parlamentarismo.”, y la última legislatura del PP bien que lo atestigua. Y es que en el estado español la extrema derecha – ya sean socialdemócratas como conservadores, ambos iguales de reaccionarios e iguales de corruptos – lleva gobernando 40 años, tomando el relevo del asesino Franco, por mucho que lo niegue Garzón.

El 18 de mayo de 2011, el referente de Garzón, Julio Anguita, señalaba lo siguiente “Lo único que os pido es que midáis a los políticos por lo que hacen, por el ejemplo, y aunque sea de la extrema derecha si es un hombre decente y los otros son unos ladrones votad al de la extrema derecha. Eso me lo manda mi inteligencia de hombre de izquierdas. Votad al honrado, al ladrón no lo votéis aunque tenga la hoz y el martillo.”. Con un referente que no duda en pedir el voto para la extrema derecha, en lugar de combatirla a ella y al capitalismo, no es de extrañar que el discípulo, Garzón, defendiera en 2007 el pacto de IU con la Falange Auténtica en un pueblo de Málaga, Ardales. La “izquierda” de Anguita y Garzón no le ha hecho ascos a la extrema derecha, y tiene su explicación, oportunistas y fascistas son dos caras de la misma moneda burguesa, su objetivo es servir los intereses de los monopolios, del Capital financiero, traicionando al pueblo trabajador a cambio de migajas, prebendas. Y es que Dimitrov tenía razón cuando afirmaba que “Los jefes de la Socialdemocracia encubrieron y ocultaron ante las masas el verdadero carácter de clase del fascismo y no llamaron a la lucha contra las medidas reaccionarias cada vez más graves de la burguesía. Sobre ellos pesa una gran responsabilidad histórica”.

El reto de la parte más consciente del Proletariado, el reto del Partido Comunista Obrero Español, es mostrarle el rostro de los traidores que juran en falso el socialismo y luchan codo con codo con los reaccionarios para mantener el sistema de explotación, y su Estado cada día más reaccionario que hoy rige en nuestro país, y que venden al conjunto de la clase obrera por migajas, por prebendas, siendo Alberto Garzón un ejemplo de lo que denunciamos. Y es que el proletariado y demás clases populares hoy únicamente tienen una salida: Organizarse revolucionariamente, construir el Socialismo y conquistar el poder político imponiendo la dictadura del proletariado. O eso o barbarie.

F.J. Barjas

Secretario General del Partido Comunista Obrero Español




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