Resolución del V Pleno del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español de 8 de noviembre de 2020 sobre los resultados electorales en Estados Unidos

Parece ser que los restos del eurocomunismo, de la socialdemocracia y de la llamada izquierda anticapitalista no alcanzan a comprender la esencia de las elecciones y del parlamentarismo bajo la democracia burguesa, bajo la dictadura del capital. Y gustosos tropiezan una y otra vez con la misma piedra, una piedra que no para de escorarse hacia la reacción y el fascismo.

Tras un escrutinio caótico, Donald Trump abandonará la Casa Blanca entre quejidos y una retahíla de tweets hablando de fraude electoral. Una actitud que está viniendo como anillo al dedo para que los medios de comunicación de “izquierdas” justifiquen su alegría por el cambio en el despacho oval. El autoritario se va y el que llega es un demócrata ejemplar, es el mensaje que buscan transmitir al pueblo para llevarlo a la alienación más absoluta.

La victoria del criminal de guerra Joe Biden, pese a que sus políticas como senador y vicepresidente de los EEUU durante la administración Obama demostraron sobradamente que es un lacayo de los monopolios y el imperialismo, es percibida como un triunfo para el feminismo y las personas migrantes, encarnado esto en la figura de Kamala Devi Harris (¡Y además una mujer será vicepresidenta de EEUU!, twitteaba con alegría la “comunista” Ministra de Trabajo y Economía Social Yolanda Díaz). Parece ser que algunos prefieren dar la espalda a la realidad y entregarse a la degradación de la política estadounidense, pues el dúo Biden-Harris representa el ala más derechista del Partido Demócrata, un partido que ha recibido elogios de Ciudadanos (El partido que más se asemeja en España al Partido Demócrata, sin duda, somos nosotros, Ciudadanos, sin ningún tipo de dudas, porque además tenemos un carácter europeísta, declaraba el eurodiputado José Ramón Bauzá) y del juguete roto del imperialismo Juan Guaidó, entre otros.

Kamala Harris es una recalcitrante reaccionaria política, pero cuenta con el género y la raza correctos para satisfacer la obsesión de la izquierda con las políticas de identidad. Todo se reviste de simbolismo ¡la primera vicepresidenta mujer!, ¡la primera vicepresidenta afroamericana!, ¡la primera vicepresidenta asiática-estadounidense!, sin pararse a analizar – por malicia o ignorancia – el programa sobre el que se sustentará la próxima administración del Partido Demócrata, que representará una nueva ofensiva del capitalismo contra el proletariado pese a lo inclusivos que sean sus dirigentes. Como si el proletariado mundial no hubiera conocido y sufrido ya a Margaret Thatcher, Barack Obama, Angela Merkel, Hillary Clinton o Marine Le Pen.

El Partido Demócrata es el partido de Wall Street. Es el partido del aparato militar. El partido de la pequeña burguesía que ansía alcanzar puestos de privilegio en el Estado, en la academia (como Angela Davis que llamó al voto para los demócratas) o en las juntas corporativas. El partido de las deportaciones masivas, de la separación de los niños migrantes de sus padres y el de los asesinatos de proletarios negros a manos de la policía. El partido del muro de México y de los asesinatos con drones. El partido que, en su historia más reciente, tiene las manos manchadas de sangre con las guerras imperialistas en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen y Ucrania. Es el partido del sionismo (Soy un sionista. No tienes que ser judío para ser sionista, declaró el propio Joe Biden). Resulta degradante y bochornoso como hay quienes creen que se puede construir un movimiento progresista y de cambio social dentro de uno de los partidos del imperialismo estadounidense.

La pandemia de la COVID-19 – que sirve de coartada a los monopolios para justificar que su sistema económico no está quebrado, sino que se halla en la situación actual por culpa del coronavirus – nos está mostrando el grado de descomposición de los Estados capitalistas. La realidad objetiva es que el imperialismo está quebrado, obstruido y supone objetivamente un freno para el desarrollo de la humanidad y de la vida humana. Actualmente, la burguesía hunde sus pies en el cieno de la corrupción y con un sistema que se encuentra económica y socialmente en bancarrota: a finales de este año, la deuda de EEUU equivaldrá al 98% del PIB, superando los 20 billones de dólares, el nivel más alto desde el final de la II Guerra Mundial. Todo esto no es sino la constatación de que estamos en la fase histórica donde lo viejo debe terminar de morir (y nunca mejor dicho viendo la edad de los dos candidatos) y lo nuevo, el socialismo, debe imponerse de manera revolucionaria.

La vida del pueblo trabajador se empobrecerá con cada día que pase. El socialismo es la única salida que tienen los países del mundo, el único camino que puede desobstruir la situación a la que nos ha conducido el imperialismo devorado por sus propias contradicciones. La historia nos muestra de forma transparente que la clase obrera únicamente podrá alcanzar su emancipación armada con la ciencia revolucionaria del marxismo-leninismo y dirigida por el Partido Leninista, que la dota de un programa revolucionario y una táctica para dar muerte al capitalismo y construir el socialismo.




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