Alberto Rodríguez y las múltiples caras del oportunismo

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El capitalismo siempre se disfraza. La eterna crisis debe taparse continuamente, y se consigue con nuevos relatos elaborados para que no veamos las auténticas causas de los problemas, con previo bombardeo de los medios. Un ejemplo claro es la nueva y peligrosa explicación de la pobreza: el cambio climático. Llega hasta tal punto, que incluso tratan de decir que la violencia machista aumenta por culpa de dicho fenómeno, así como el hambre infantil.

Mónica García, de Más Madrid, escribió recientemente en su cuenta de twitter algo semejante, vinculándolo a dos “noticias”. Otro ejemplo esperpéntico es lo que cuenta Save the Children en su publicidad: de repente, parece ser que África está en la miseria porque hace medio año empezó la guerra en Ucrania, y los cereales se han encarecido. Quizá se olvidan toda la historia de colonialismo, saqueo sangriento y sometimiento que ha sufrido el continente a manos del imperialismo europeo y estadounidense, principalmente. Por si fuera poco, pide a la clase trabajadora que haga un esfuerzo y envíe dinero para el eterno negocio de las ONGs; buitres que van tras el reguero de penurias que deja el capitalismo por donde pisa.

Pero no solo hay relatos, sino productos. El “nuevo” proyecto de Alberto Rodríguez, exdiputado de Podemos, es otro intento más de frenar, aunque sea mínimamente, la abstención observada en las últimas elecciones autonómicas. La clase trabajadora siempre debe tener delante algo que elegir y que parezca novedoso, aun siendo lo mismo en un envoltorio diferente y con nueva fecha de caducidad. Proyecto Drago, el nuevo partido de Rodríguez, deja entrever muchas cosas.

Hay un pequeño, vago y confuso boceto del programa del partido, en el que parecen mezclarse en cada párrafo las supuestas intenciones, y algunas pinceladas de la nefasta situación actual, pero a veces no se distingue una cosa de la otra. Algunos planteamientos que se dejan entrever son:

  • Animar a que se escuchen muchas voces “de personas” (nunca clase trabajadora) y se participe, cosa que nunca ocurrió en Podemos al desmantelarse rápidamente los círculos, hecho que a Alberto no pareció importarle demasiado hasta que decidió marcharse por, según él, sentirse traicionado.
  • Precios y disponibilidad de vivienda asequible para la población local. ¿A quién dejará fuera de esa “disponibilidad y precio asequible”? El exdiputado formó parte del gobierno que se hizo con la Saareb, responsable de muchos desahucios y especulación con la vivienda. Con el Gobierno “más progresista” se desalojaron decenas de miles de viviendas en 2021, y esas manchas no quedan muy bien en la bandera que pretende enarbolar Rodríguez. Su partido nunca ha reconocido su responsabilidad en este asunto, y él tampoco. Se señala también que Canarias es una cárcel para personas migrantes y se vulneran sus derechos, pero Rodríguez no se plantó siendo diputado ante el precario estado de los campamentos para estas personas y las condiciones de hacinamiento, así como de los Hogares de “Protección” destinados a menores y jóvenes extranjeros.
  • Una supuesta intención de “democratización y diversificación del ecosistema mediático”, teniendo en cuenta un concepto burgués de democracia; no se habla de socializar, sino de “democratizar” los medios. No podemos olvidar que Rodríguez y su partido han defendido a capa y espada que protegían a la gente, cuando los datos han dicho lo contrario (IMV sin llegar, despidos en ERTE, no derogación de lo prometido, no cesan los desahucios, pobreza aumentando, etc), y además de blanquear al infame PSOE, han llegado a decir que el otro brazo del bipartidismo, el fascista PP, debe volver al camino de las derechas europeas, como si éstas fuesen algo ejemplar y como si el PP no estuviese podrido. De hecho, el propio Alberto Rodríguez dijo a Alfonso Candón (PP), cuando tomó posesión como parlamentario andaluz, que le echaría de menos porque “es buena persona y aporta calidez humana”. Su relato en los medios solo refleja el oportunismo y el afán por ofrecer propaganda morada, al servicio del sistema capitalista.
  • Se señalan también “desvíos masivos de recursos públicos a manos privadas a través de conciertos, sobre todo en sanidad y educación”. Pues bien, Rodríguez formaba parte de un gobierno que él defendía y que no ha arreglado ninguna de las carencias de la sanidad pública, ni ha derogado la ley que permite privatizar el servicio. En la gestión de la pandemia no se tomaron medidas preventivas, se especuló con material sanitario y la clase trabajadora debía ir de forma masiva en transporte público, sin importar su seguridad, acabando muchas veces en el suelo de la sala de espera de hospitales abarrotados (entre otras muchas cuestiones). Por otro lado, sin entrar a profundizar en las numerosas debilidades de la educación pública, un informe de Save the Children y EsadeEcPol en 2021 reflejaba que España es uno de los países europeos que cuenta con mayor número de colegios gueto, con una enorme concentración de alumnos segregados según su renta familiar.
  • También se menciona a la “Juventud canaria con falta de oportunidades” y el “paro estructural y pérdida de poder adquisitivo”: se enfoca en las “oportunidades”, siendo en este sistema sinónimo de competición y visión más “humana” de la ley de la selva. En cuanto a la pérdida de poder adquisitivo, la coalición “progresista” alardeó de una subida salarial que quedó por debajo del nivel de vida, y que tiene un impacto pequeño en la burguesía, puesto que la moda refleja que los salarios suelen estar por encima del mínimo, y que las subidas del SMI son absorbidas de diversas maneras por los empresarios.
  • Se plantea la “canariedad”, la “autorreferencia como motor de cambio”, la fragilidad del modelo energético y alimentario, la dependencia crónica del archipiélago respecto al exterior, etc. De esta forma, por un lado, se apela al nacionalismo de algunos, y por otro se señalan algunos temas que no se resolverán jamás en el capitalismo. Rodríguez no tiene intención de tocarlos, como ha demostrado con su comodidad en el Gobierno “progresista”, y sin luchar contra los intereses de la burguesía solo puede llegar a retoques cosméticos, pero los problemas ahí seguirán, convirtiendo su discurso en un fetiche como el de la derogación de la reforma laboral. Por la misma razón, el “turismo sostenible” al que se hace referencia no puede ser otra cosa que un ecologismo vacío que defienda el patrimonio natural, y declare una oposición a la reducción de éste, pero no se opondrá a la pobreza que se va extendiendo por Canarias, comunidad con una pobreza severa del 38%.

En definitiva, la trayectoria de Alberto Rodríguez parece indicar que sus escrúpulos no están al nivel que él declara. Intentó mantener su escaño por todos los medios, hasta que fue cesado. Tras esto, fue por los medios del Régimen criticando a su partido y hablando, ahora sí, de que se seguían de manera excesiva las directrices de los dirigentes, y que las voces de rangos inferiores no eran escuchadas. También se quejaba de que la formación morada no le apoyó tras la condena del Tribunal Supremo, pero aun así quiso recuperar su escaño cuándo la pena impuesta llegó a su fin.

Declara ahora que se abre a una posible alianza con la formación de Yolanda Díaz, Sumar. Un asesor de dicha ministra también impulsa el proyecto del exdiputado, lo cual no es de extrañar en un momento en que el sistema vuelve a sacar la carta de “nuevas opciones”, debido a la crisis electoral con el aumento de la abstención.  No por nada tuvo tanto protagonismo mediático Alberto Rodríguez tras su forzada ruptura con PODEMOS. Por otro lado, afirma que tiene afinidad con la Ministra de Trabajo, esa que elogió a Inditex, a Biden, que mimó a la patronal con los ERTE, vendió como un cambio de paradigma la maquillada reforma laboral del PP, propone ahora cómo indemnizar por despido (en lugar de hablar de proteger el empleo), que pide a las energéticas que tengan compasión, defiende abiertamente enviar armas a nazis en Ucrania y sigue el relato oficial del criminal Estado a través de sus medios de “información”; la que solo se escucha a sí misma y cuyos discursos vacíos que hablan de amor, empatía, caminar juntos hacia un horizonte verde, etc, se asemejan más al sermón de un evangelista que al de una ministra; la misma que dice que es “comunista” pero defiende políticas de derechas, afirma que es republicana pero acude a actos con la monarquía, y dice que no es momento de hablar de república, etc. Tal afinidad también puede darnos pistas de lo que es el exdiputado morado.

Teniendo en cuenta que Rodríguez no había manifestado indignación hasta ahora, y que tampoco se había plantado ante cuestiones que se debían resolver, con la responsabilidad que tiene su anterior partido, hace que sea inevitable, como mínimo, preguntarse si su objetivo no es otro que hacerse de nuevo con la poltrona y continuar siendo útil a la burguesía.

El oportunismo cambia de caras y caretas, disfraza sus políticas y discursos, pero en última instancia no son más que defensores de un sistema criminal que sólo puede ofrecer miseria y muerte. Como decía el camarada Stalin, “la socialdemocracia es objetivamente el ala moderada del fascismo”.

 

Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en las Islas Canarias




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