Las drogas: un falso refugio que ofrece el Capital

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No es ningún secreto que EEUU tiene un grave problema con el fentanilo, droga altamente adictiva que se está convirtiendo en una de las principales causantes de muerte por sobredosis. Si tenemos en cuenta la pobreza, la ausencia de derechos laborales, los problemas de salud mental, los tiroteos, los suicidios o el altísimo coste de una simple factura médica, no es ninguna sorpresa que la clase trabajadora más vulnerable se vea afectada o seducida para evadirse de la realidad.

Los medios de comunicación presentan el problema de la drogadicción de forma intencionadamente simplificada, explicando que su origen se encuentra en las mafias o en el narcotráfico, que cada vez aparecen más drogas y que la forma que tenemos de frenar su consumo es a través de la concienciación, la lucha policial y el tratamiento a los afectados. Así, el capitalismo presenta su propio relato sobre la lucha contra las drogas, un relato que a los comunistas nos tiene que parecer contrario al pensamiento científico, puesto que se ocultan a múltiples agentes que sí tienen un papel activo en la promoción de estas sustancias.

Si analizamos las drogas desde el materialismo dialéctico, debemos partir de la base de que son sustancias que buscan perpetuar el dominio de la clase dominante burguesa. Un trabajador que se droga no se cuestiona la realidad ni asumirá como suya la lucha contra el capitalista que lo explota, sino que después de su jornada laboral buscará el alivio que le proporcionan estas sustancias. Así, vemos que existe una relación fuerte entre el número de horas de trabajo y el consumo de alcohol. Es decir, que aunque cualquier ser humano tiene la posibilidad de consumir, el producto realmente está enfocado a la clase obrera.

“Existen todavía otras causas que debilitan la salud de gran número de trabajadores. Ante todo, la bebida; todas las seducciones, todas las posibles tentaciones, se juntan para empujar al obrero a la pasión de la bebida. El aguardiente es para los trabajadores casi la única fuente de goces, y todo conspira para que se estreche el círculo a su alrededor.”

La situación de la clase obrera en Inglaterra. 1845. Federico Engels.

Partiendo entonces de esta base, el éxito de las drogas entre la población trabajadora vulnerable es inexplicable sin la cooperación de los estados capitalistas, principales interesados en perpetuar la explotación del hombre por el hombre hasta el infinito. El relato de unas mafias que trabajan, producen y distribuyen al margen de las autoridades es impensable sin la colaboración de las mismas instituciones.

Las pruebas que demuestran la colaboración de los Estados capitalistas con el narcotráfico son innumerables y existen tanto a grande como a pequeña escala, encontrando muchas veces que el narcotráfico está dirigido a mitigar movimientos políticos.

Podemos hablar de cómo la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Administración de Control de Drogas (DEA) han sido claves para encauzar el narcotráfico y utilizarlo para los intereses políticos de EEUU.

En Nicaragua, la CIA formó, financió y entrenó a la fuerza contrarrevolucionaria conocida como Contras para tumbar la revolución sandinista. Una investigación del Senado tiempo después descubriría que era completamente conocido el tráfico de drogas en el que los Contras estaban involucrados. En los mismo términos, el informante de la CIA y posterior dictador de Panamá Manuel Noriega, sería también un componente importante a la hora de proporcionar entrenamiento a los Contras y traficar con drogas.

El uso de las drogas gracias a la colaboración de las instituciones no es sólo un nicho de EEUU, sino que podemos ver también cómo en el Estado español se ha permitido el trasiego de drogas a través de la Guardia Civil y la Policía Nacional. No hablemos ya de partidos políticos, puesto que tendríamos al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México, o al mismísimo Partido Popular (PP) en Galicia.

A medida que el consumo de drogas ha estado presente en la sociedad, con sus altibajos siempre relacionados con la situación económica de la clase obrera, desde los medios de comunicación y fuerzas políticas socialdemócratas se ha ido introduciendo el argumento de que la drogas son ya algo que debemos aceptar que nunca desaparecerá de nuestro entorno y que en algunos casos debemos incluso considerar la legalización, como bien está pasando ya con la marihuana en muchos países del mundo. Es decir, los propios Estados que promocionan el consumo y las posiciones pro-droga a través sus productos culturales nos dicen al mismo tiempo que erradicar las drogas de la sociedad es algo completamente imposible.

Más allá del mundo de las sustancias psicoactivas, debemos ser conscientes de que el ataque a la clase obrera a través de las adicciones viene también a través de otros frentes como las redes sociales o los videojuegos, donde cada vez es más común que las desarrolladoras dediquen un departamento entero en hacer sus productos más adictivos. En un mundo donde la guerra y la miseria crecen a pasos agigantados, la lógica del Capital es la de tenernos adormecidos a cualquier precio.

Siendo conscientes de que el consumo de drogas y la drogadicción se fortalecen gracias al capitalismo, los comunistas debemos tener claro que este tipo de sustancias son un ataque hacia el sujeto revolucionario, la clase obrera, con el objetivo de alejarlo de la misión histórica de conquistar el socialismo. A su vez, señalamos todas y cada una de las estratagemas del Estado y sus acólitos para engañar al proletariado a pensar que es inviable un mundo sin drogas recreativas.

 

¡CONTRA LAS AGRESIONES A LA CLASE OBRERA!

¡SUPEREMOS EL PODRIDO CAPITALISMO!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Comité Central del P. C. O. E.




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