El Obispo Demetrio y su teocracia en Córdoba

Recientemente conocimos la lucha de tres años del joven Héctor Sánchez por la retirada de crucifijos y contra las visitas del Obispo a su centro de estudio, el IES San Roque, en la localidad de Dos Torres (Córdoba). El pasado 14 de octubre entregó su petición de forma oficial a la Delegación de Educación de la Junta de Andalucía, amparándose en la supuesta aconfesionalidad del Estado y en el Artículo 21 del Estatuto Andaluz que afirma que la enseñanza pública “será laica”.

Héctor escribe una carta semanal al equipo directivo de su instituto protestando por esta cuestión, a la vez que sus padres constatan que el director del centro no tiene interés en debatir sobre ello, amparándose en que esa decisión depende del Consejo Escolar. Aparte de los crucifijos en las aulas, también se ha manifestado contra la visita del obispo al centro fuera de las horas destinadas a la asignatura de Religión e interrumpiendo las clases habituales. Esta no es la única polémica relacionada con el tema, ya que en febrero de este mismo año el Consejo Escolar del Instituto Federico García Lorca de Fuente Palmera (Córdoba) desaprobó la visita del obispo al centro, lo que en señal de protesta provocó la recogida de firmas por parte de algunos padres instigados por el párroco local.

Estos episodios donde la Iglesia Católica hace su voluntad (con o sin la ley burguesa vigente de su parte) son muy frecuentes en el Estado Español, ya que, si en la mal llamada Transición se mantuvo a franquistas en la Justicia, la Policía, el funcionariado, etc; la situación no fue diferente con esta institución reaccionaria y anacrónica que, tanto en la Guerra Civil como en la dictadura, dieron soporte moral y espiritual a la represión contra republicanos y trabajadores concienciados. No en vano la dictadura de Franco fue calificada de nacional-católica. El apoyo no fue exclusivo de la Iglesia Española, sino también del Vaticano, el mismo que debe su existencia como estado a los Pactos de Letrán de 1929 entre el entonces Papa Pío XI y el régimen fascista de Benito Mussolini. Pío XI también apoyaría la invasión de Italia a Etiopía y firmó un Concordato con la Alemania de Hitler. Su sucesor, Pío XII, fue el primer Jefe de Estado (tras Hitler, Mussolini y Salazar) en reconocer al régimen franquista, además de apoyar a otras dictaduras como la de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana o la de los Somoza en Nicaragua. Si bien la Constitución de 1978 afirma que España es un país aconfesional, la Iglesia Católica sigue gozando de privilegios, sean fiscales, legales, educativos, etc.

Volviendo a la provincia de Córdoba, podemos citar el caso de Miguel Castillejo, sacerdote que presidió la entidad bancaria de Cajasur, con la que controlaba la ciudad a su antojo y benefició a constructoras como Arenal 2000 (de Rafael Gómez “Sandokán”, conocido por estar implicado en varios casos de corrupción y delitos fiscales), Sánchez Ramade y Prasa.

Dentro del Obispado podríamos citar a Francisco Javier Martínez Fernández, actual Arzobispo de Granada. En una homilía del 2009, llegó a decir:

“Se promulga una ley (en alusión a la Reforma de la Ley del Aborto) que pone a miles de profesionales (médicos, enfermeras, …)-sobre todo, a ellos- en situaciones muy similares a las que tuvieron que afrontar los médicos o los soldados bajo el régimen de Hitler o de Stalin, o en cualquiera de las dictaduras que existieron en el siglo XX y que realmente establecieron la legalidad de otros crímenes, menos repugnantes que el del aborto”.

Dejando a un lado la burda y reaccionaria relación que establece entre Hitler y Stalin, vemos como banaliza el Holocausto, en el cual colaboraron cientos de católicos a los que la Iglesia nunca condenó, como Ante Pavelic (líder del régimen croata Ustasha) o el sacerdote eslovaco y presidente de la Eslovaquia independiente (aliada de los nazis) Josef Tiso. Pero no fue la única banalización que realizó en esta homilía, ya que en cierto modo legitimó la violación a las mujeres por el aborto:

“Pero matar a un niño indefenso, ¡y que lo haga su propia madre! Eso le da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer (…)”

Más disparates reaccionarios suelta el actual obispo, Demetrio Fernández, el cual es objeto de la denuncia de Héctor Sánchez por visitar su centro rompiendo la rutina de las horas lectivas. Partimos de la base de que Demetrio Fernández es un declarado enemigo del laicismo, tal como podemos leer en sus homilías:

“La religión para los planteamientos laicistas es como la peste, y hay que evitarla” o “Asistimos a expresiones de un laicismo radical, que quisiera borrar a Dios del mapa, de la convivencia, de las expresiones culturales. Es una aberración”.

Como es de esperar, Demetrio Fernández es un claro fascista que no duda en desobedecer leyes relacionadas con la Memoria Histórica (como mantener dos placas en homenaje a los caídos en el bando franquista en el interior de la Mezquita-Catedral, algo que también sucede en un colegio propiedad de la Orden religiosa de los Salesianos en la ciudad) y manifestar su alegría por el “vuelco en Andalucía” en relación a la irrupción de VOX en el parlamento andaluz en diciembre del 2018, animando a que esto “sirva para una conversión a Dios y hacia los hermanos, en este precioso tiempo de adviento”. Además, siendo él el líder de la Iglesia en la provincia cordobesa, toleró misas en honor a Franco en la Parroquia de San Juan y Todos los Santos (Plaza de la Trinidad, en Córdoba) y en la de San Mateo (Lucena).

También es notorio el abuso que hace de la Mezquita, un monumento único del arte hispano-musulmán considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, visitado por millones de personas de todo el mundo al año. Demetrio Fernández es alguien ferozmente opuesto a la titularidad pública del monumento, acusando a la plataforma Mezquita-Catedral Patrimonio de Todxs de actuar “con argucias que no se sostienen ni por parte de los que las montan”. Desde sectores ultra-católicos de la ciudad y de otras partes del país se acusa a este tipo de organizaciones de estar formadas por “unos comunistas” al servicio del islamismo radical, a pesar de que fueron los comunistas quienes combatieron a esta ideología en la República Democrática de Afganistán y en otras partes del mundo. Así, el Obispado intentó borrar el pasado islámico del edificio, poniendo en el folleto que recogen los turistas al entrar que era la “Catedral, antigua mezquita” y calificando su pasado islámico como una “irrupción islámica”, intentando borrar su pasado musulmán al decir que “La mezquita es arte bizantino, los moros sólo pusieron el dinero”. Este es el mismo señor que se queja de un plan sistemático de “descristianización” de Europa. Tales expresiones fueron quitadas del folleto tras varias protestas de académicos y plataformas sociales que obligaron al Obispado a retirarlas, sustituyéndolo por uno más profesional desde el punto de vista histórico y artístico.

El obispo Demetrio subió un 20% el precio de la entrada a la Mezquita, pasando de 8 a 10 euros, un precio realmente alto para las familias visitantes que sean económicamente modestas, dificultando a la clase obrera su acceso a la cultura y al conocimiento de nuestro legado histórico y artístico. De este modo, el monumento se convierte en la Catedral con el precio de acceso más elevado de toda Andalucía. A pesar de los beneficios que la Iglesia extrae de este edificio histórico, Demetrio exige a los poderes públicos más dinero para sus edificios, afirmando que “hay dinero público para el teatro, para el cine, para los toros, para la feria y el flamenco (…)” pero “no lo hay para restaurar una ermita o el templo más emblemático”. Su cinismo da un paso más al decir que en Occidente, pese a que la Iglesia dispone de diferentes medios de comunicación y de la ocupación de lugares públicos para manifestaciones o procesiones, “se amordaza a los cristianos”.

Protegió a un cura condenado por la Audiencia de abusos sexuales a una menor en Espiel, manteniendo sus funciones pastorales. Sólo a raíz del escándalo que esto supuso entre la población rectificó su postura posteriormente. Al igual que su predecesor en el Obispado, Demetrio cargó contra el aborto comparando a las mujeres que recurrían a él con José Bretón, el asesino que mató a sus hijos Ruth y José en Córdoba y luego los incineró para vengarse de su ex mujer, o calificó a la fecundación in vitro de “aquelarre químico de laboratorio” en una carta semanal, afirmando que “todo hijo tiene derecho a nacer de ese abrazo amoroso, que no puede sustituirse nunca por la pipeta de laboratorio”. Otro de sus exabruptos es hablar de un supuesto plan oculto de la UNESCO para “hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”. La misoginia y homofobia siempre de la mano en sus palabras pastorales, como buen fascista.

Tras esta recopilación de perlas del actual obispo, más allá de que se trate de una figura religiosa, cabe preguntarse: ¿qué tipo de aportes intelectuales o qué valores éticos puede transmitir alguien como Demetrio Fernández a jóvenes estudiantes? Nada positivo, más bien todo lo contrario, pues sus palabras son un caldo de cultivo para mantener viva la esencia del nacional-catolicismo, añorando tiempos no tan pasados. Todo esto en un presente en que la sociedad española, según el barómetro del CIS, hay más ateos y agnósticos que católicos, y entre los que se consideran católicos, sólo un 22% son practicantes.

El laicismo, por otro lado, no es una herramienta para atacar a los creyentes, ya que como el propio Héctor Sánchez señala, él tiene “amigos musulmanes, evangelistas que no deben ni quieren como yo, convivir con esta simbología”, grupos religiosos que son obviados (cuando no atacados) por el alto clero español y las propias instituciones políticas, como podemos apreciar en el propio ayuntamiento de Córdoba, donde el alcalde José María Bellido (PP) recuperó un crucifijo para el despacho oficial de la alcaldía para contentar al Obispado. También desde VOX se ha apostado abiertamente por el nacional-catolicismo, defendiendo símbolos franquistas como la Cruz del Valle de los Caídos como parte de la cristiandad española y europea al mismo tiempo que persiguen el legado andalusí, más por xenofobia que por crítica a los ideales de la fe islámica.

Sin embargo, este apoyo no es exclusivo de las formaciones de la derecha. Desde el PSOE e IU, más allá de algunas palabras de enfrentamiento en determinadas cuestiones que cayeron en saco roto (sobre todo en relación a la titularidad de la Mezquita, polémica que sigue en pie), tampoco se hizo frente a esta jerarquía eclesiástica, e incluso favorecieron a la fe católica en lugares de la provincia, como en Hornachuelos, donde la alcaldesa María del Carmen Murillo (PSOE) con el apoyo de IU nombró alcaldesa perpetua a la Virgen de los Ángeles. Esta práctica (muy frecuente en Andalucía) también la llevó a cabo José María González Santos, alias “Kichi” (Podemos) desde la alcaldía de Cádiz. En su partido, lejos de escandalizar, contó con el apoyo de figuras como Teresa Rodríguez, Juan Carlos Monedero o incluso Pablo Iglesias, que afirmó que la decisión de Kichi de conceder la Medalla a la Virgen era “una decisión muy laica”, riéndose en la cara de los defensores del laicismo. El mismo Pablo Iglesias no tuvo reparos en criticar que el entonces Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz (PP) concediera la Medalla del Mérito Policial a Nuestra Señora Santísima del Amor en febrero del 2014. Como vemos, estas organizaciones políticas sólo defienden el laicismo de forma oportunista al mismo tiempo que promueven la fe católica cuando desean arrascar voto en este sector excusándose en el apoyo popular. En la misma línea hay que hacer mención especial a la UJCE, que en abril del 2015 defendió y promovió entre la juventud la celebración de la Semana Santa como “cultura popular” y “espacio de convivencia”.

Desde el Comité Provincial del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Córdoba apoyamos el activismo laico de Héctor Sánchez en su instituto, así como rechazamos la asignatura de Religión (sea la católica o cualquier otra) en las escuelas y la omnipresencia de las instituciones católicas en la vida cotidiana, defendiendo un laicismo real y efectivo.

Por una educación y vida pública laica
Contra el Nacional-Catolicismo


Comité Provincial del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Córdoba



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