La clase obrera madrileña, duramente castigada por el COVID-19

El inhumano sistema de clases en el que vivimos no descansa, ni siquiera en tiempos en los que nos azota una pandemia mundial. Tanto en la Comunidad de Madrid como en el municipio de Madrid estamos viendo cómo, con los primeros datos publicados al respecto, las localidades y barrios obreros son los que más están sufriendo los efectos de la pandemia.


Podemos comparar y ver cómo el virus está afectando más en barrios obreros como Carabanchel, Puente de Vallecas, Moratalaz, Vicálvaro o Fuencarral-El Pardo. A nivel de Comunidad, también podemos apreciar cómo el virus recae más sobre localidades industriales como Leganés, Alcorcón o Móstoles, en donde miles de trabajadores acuden al centro de trabajo todos los días en condiciones precarias.

Estos datos no sorprenden. Son los trabajadores los que cada día salen de casa a trabajar, incluso en oficios que no son necesarios, con el terror de contraer la enfermedad y poner en riesgo su propia vida, la de sus familiares, la de su entorno cercano y la de todas las personas con las que mantienen contacto regular. Enviados al matadero por el patrón para producir riqueza y desamparados por un Gobierno que se dice “progresista” pero que en los hechos demuestra que no es más que otro instrumento al servicio del capital, el proletariado carga a sus espaldas el peso de la crisis, jaleado entre aplausos que se tornarán en pitos tan pronto como se organicen para reclamar unas condiciones dignas. El robo de plusvalía por parte de la burguesía no puede cesar ni en tiempos de pandemia. Se mantiene constante los 365 días del año, las 24 horas del día. Al Gobierno y a los capitalistas no les importa enviar a los trabajadores a producir sin precauciones mínimas de higiene. Lo único que importa es la tasa de ganancia.

Otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar estos datos es la accesibilidad a la vivienda en los barrios obreros. Muchas de las familias trabajadoras que viven en estos barrios están confinados y hacinados, pero no por la pandemia, sino durante todo el año, ya que con la miseria de salarios que reciben solo pueden permitirse compartir pisos enanos con un gran número de personas habitando en él o, el otro caso, en el que una o dos personas son el sustento de toda la familia e igualmente vive un gran número de personas. Esto es un caldo de cultivo perfecto para la expansión del virus.

El coronavirus sí que entiende de clases. Si la clase obrera es la que tiene que salir a la calle para que en los supermercados haya comida, para curar a los enfermos, para vender medicinas, para fabricar mascarillas, etc., mientras que la clase burguesa se queda en sus cómodas y amplias casas sin realizar ningún trabajo útil para la sociedad –como si alguna vez lo hubieran hecho–, claro que podemos hablar de que este virus entiende de clases, igual que todo lo que nos rodea.

Como si todo esto no fuera suficiente, los trabajadores tienen que sufrir la inacción de los Gobiernos –desde los municipales hasta el central– que miran para otro lado cuando los trabajadores exigen medidas sanitarias e higiénicas básicas. Esto ha provocado que los vecinos de estos barrios tengan que practicar la solidaridad mutua para poder resistir a la situación, pese a no tener apenas recursos ni para sí mismos.

En Leganés, se han organizado cajas de resistencia para adquirir material sanitario y cederlo al hospital Severo Ochoa y, además, se ofrece ayuda a personas dependientes para hacer la compra, etc; en el distrito de Fuencarral – El Pardo, la clase obrera se organiza para cubrir todas las necesidades de los vecinos, desde asistencia psicológica a asesoría sobre los ERTEs, además de prestar ayuda a los ancianos del barrio; en Vallecas, repartió alimentos para aquellas personas que por la situación no tuvieran posibilidad de adquirirlos. Podríamos seguir por mucho tiempo, pues las muestras de solidaridad entre la clase obrera son infinitas en estos momentos.

Día a día el capitalismo nos muestra hasta qué punto es un sistema criminal, corrupto y podrido hasta lo más profundo y durante la pandemia no iba a ser menos. Cada día que pasa queda patente que solo el pueblo salva el pueblo ya que el Estado solo mira por los intereses propios y de los suyos, es decir, de la burguesía. ¿Cuántos trabajadores tienen que morir para que nos levantemos contra este sistema que tiene las manos manchadas de sangre?

La clase obrera debe organizarse y conformar, junto con jubilados, estudiantes, parados, campesinos… su propio poder mediante un Frente Único del Pueblo que pueda construir el socialismo que nos libre de esta miseria y explotación capitalista y logremos la vida digna que nos merecemos.

¡SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO!
¡TRABAJADOR, ORGANÍZATE EN EL PCOE!
¡SIN PARTIDO NO HAY REVOLUCIÓN!


Comité Regional del Partido Comunista Obrero Español (PCOE) en Madrid




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