El capitalismo nos conduce al control absoluto de los monopolios

En 1916, en su libro ‘El imperialismo, fase superior del capitalismo’, Lenin escribía:

“Cuando Marx escribió El capital hace medio siglo, para la mayor parte de los economistas la libre competencia era una “ley natural”. Mediante la conspiración del silencio, la ciencia oficial intentó aniquilar la obra de Marx, cuyo análisis teórico e histórico del capitalismo había demostrado que la libre competencia provoca la concentración de la producción, concentración que, en cierta fase de su desarrollo, conduce al monopolio.

[…]

No estamos ya ante una lucha competitiva entre grandes y pequeñas empresas, entre empresas técnicamente atrasadas y empresas técnicamente avanzadas, sino ante el estrangulamiento por los monopolistas de todos aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad”.

La realidad actual no hace más que corroborar día tras día que Marx y Lenin tenían razón, que sus obras son más certeras que los miles de panfletos que los actuales economistas y expertos del sistema van difundiendo por los medios de manipulación del capital.

La revista Vice publicaba el 20 de septiembre un artículo en el que denunciaba que las cámaras con inteligencia artificial de Amazon estaban penalizando a los repartidores por errores que no habían cometido.

El artículo explica cómo Amazon ha instalado en sus furgonetas de reparto 4 cámaras con inteligencia artificial, dos apuntando a los lados de la carretera, una hacia adelante y otra mirando al repartidor. Estas cámaras analizan todo tipo de eventos negativos en la conducción y penalizan económicamente a los conductores que las cometen. Pero la inteligencia artificial detecta como evento que un vehículo adelante a una furgoneta de reparto y se sitúe delante sin guardar distancia de seguridad, o que el conductor aparte la vista de la carretera por 3 segundos, aunque sea para mirar el retrovisor. Además de esto, en algunos Estados se obliga a los conductores a instalar una aplicación que registra cada vez que el conductor coge el móvil, algo que también los penaliza económicamente, incluso aunque el trabajador esté escaneando los paquetes entregados al cliente.

La presión a la que se ven sometidos los trabajadores es tal que empiezan a tomar medidas tales como colocar móviles en árboles cercanos a los centros logísticos para recibir más pedidos, o a tener un segundo móvil personal diferente al que usan en los repartos para poder usarlo en determinadas circunstancias sin ser penalizados.

Todo esto se suma a la noticia publicada en 2019 de que Amazon está despidiendo a cientos de trabajadores usando un algoritmo, lo que muestra a las claras que todo el desarrollo tecnológico y toda la automatización en manos de una minoría parasitaria, estará enfocado a incrementar la explotación de los trabajadores para aumentar los beneficios del burgués. Por ello es indispensable la socialización de los medios de producción, para que esa automatización y esa inteligencia artificial estén al servicio del pueblo para mejorar las condiciones de vida de la mayoría trabajadora.

En ese mismo libro, decía Lenin:

“La producción pasa a ser social, pero la apropiación sigue siendo privada. Los medios sociales de producción continúan siendo propiedad privada de unos pocos. El marco general de la libre competencia formalmente reconocida se mantiene y el yugo de unos cuantos monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más oneroso, más insoportable”.

Y ese es un punto clave, que la producción ya es social, las grandes empresas son hoy en día gestionadas al 100% por trabajadores. Los dueños ya no pueden, porque las dimensiones de las empresas no lo permiten, controlar el trabajo diario. Son trabajadores especializados y cualificados los que realizan todas las labores, todo el trabajo, y los dueños son auténticos parásitos que se apropian de la riqueza generada por esos trabajadores.

El imperialismo, como fase superior del capitalismo, es la antesala del socialismo. No existen pasos intermedios ya, no existe libre mercado más allá de la libertad de las empresas de disponer de los trabajadores como un recurso de usar y tirar. Quienes hablan de un capitalismo más humano, de gestionar este sistema de una forma menos dañina para los trabajadores, sólo pueden hacerlo por dos motivos: por idealismo e incompetencia para analizar la realidad material del mundo en el que vivimos, o por oportunismo, engañando al pueblo para sacar un rédito personal.

Los monopolios son un reflejo de que el capitalismo está en su fase terminal, en la fase previa al socialismo, pero sólo la clase obrera organizada puede derrocar este sistema de forma revolucionaria. No queda otra; no existen términos medios. O la clase trabajadora se organiza en torno a los principios del marxismo-leninismo y acaba con este sistema tomando el poder de forma revolucionaria, o el capitalismo acabará con nosotros y con el planeta. Para ello, para unir a la clase trabajadora en torno a la construcción del socialismo, es necesaria la unidad de los comunistas consecuentes; sin ella, la clase trabajadora seguirá a la deriva y en manos de nuestro enemigo de clase.

 

Secretaría de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




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