El sistema educativo y sanitario al límite. ¡O ellos o nosotros!

El inicio de la pandemia ha permitido a los monopolios aumentar el expolio a la clase trabajadora de forma directa e indirecta. De forma directa, como ya sabemos, han aparecido los ERTE que en un porcentaje no desdeñable se han transformado en ERE. De forma indirecta, el aumento de la deuda pública para regalarle dinero a la clase burguesa y el deterioro de los servicios públicos representan una bomba de relojería para los millones de trabajadores que dependen en su día a día de las pensiones, del servicio público de salud o de la enseñanza pública.

Desde el autoproclamado gobierno «más progresista de la historia» se dan golpes en el pecho con que la campaña de vacunación ha cumplido los objetivos que se habían establecido y que el Estado español ha adelantado a otros países como Estados Unidos o Francia. Existen incluso reportajes en la prensa en los que se explica con pelos y señales la «meticulosa» estrategia sanitaria que se ha seguido para semejante acelerón en la inmunización de la población. Para los comunistas no existe ningún misterio: las cifras de vacunados son tan positivas porque se han sacrificado numerosos servicios y personal sanitario, muy en la línea de los recortes silenciosos del PSOE y Unidas Podemos.

Para muestra un botón:

Otros síntomas de la depauperización de la sanidad pública los podemos encontrar en el grueso de la población:

En contrapartida, vemos como la sanidad privada va ganando terreno. Sin lugar a dudas, la pandemia fue un pelotazo para todas aquellas farmacéuticas como Pfizer o Moderna que vendieron sus vacunas a España a cambio de millones de dinero público. Se estima que el precio a pagar por 48’55 millones de vacunas ha sido de 547 millones de euros. Por las cifras de dinero público con las que se riegan a la empresa privada en España (por poner otro ejemplo, en Madrid se regalaron 19’2 millones de euros a los hospitales privados que recibieron pacientes de COVID-19 durante la primera ola), se confirma que el compromiso de este Gobierno es con el Capital y no con la salud pública.

La educación es otro servicio público que está siendo devorado por los capitalistas. Ya durante el inicio de la pandemia la plantilla de profesores de todos los centros públicos, así como las familias trabajadoras, se vieron sobrepasadas por una digitalización que no se podía llevar a cabo de ninguna manera.

En 2020 se vio latente cómo las instituciones políticas que representan y dirigen la educación desconocen cuál es la realidad de un alumno de secundaria, ya no digamos uno de primaria o de las necesidades en un centro de idiomas. Se vio latente, a fin de cuentas, que la educación pública es una pantomima en la que los profesores hacen que enseñan y los alumnos fingen que aprenden. Ninguna medida de carácter especial ha sido implementada en el sector educativo, aumentando el riesgo de las familias trabajadoras de contraer el virus.

El curso que recién ha comenzado en 2021 ya acusa de unos recortes muy pronunciados en los que la falta de profesorado es el principal síntoma, siguiendo la escasez de infraestructuras y de material. Las políticas educativas están siguiendo la misma dirección que antes de la COVID-19 pero en un término mucho más acelerado. Se puede ver con el avance de la FP Dual, que permite que empresas como Repsol obtengan mano de obra barata con los estudiantes de los módulos.

El futuro de la educación en el capitalismo sólo puede ser precario y deficiente. Su lógica responde a la lógica del Capital. Del mismo modo que con la uberización del trabajo se busca la reducción de salarios y la movilidad del trabajador para maximizar las ganancias de las empresas, la educación sufrirá también en el capitalismo su proceso de putrefacción en la que el trabajador necesitará pagarse de su bolsillo innumerables títulos para poder acceder a un puesto de trabajo que no le sacará de su miseria.

Vemos que tanto a nivel de Sanidad como de Educación ha comenzado una cuenta atrás que pondrá sobre la cuerda floja a los trabajadores por cada segundo que pase. Al Estado que dirige estas instituciones, incluido el Gobierno, no le duele que nos muramos de cánceres evitables o que no tengamos ni derecho a acceder a formarnos para un puesto de trabajo precario. De lo único que se preocupan es de que los monopolios sigan enriqueciéndose a nuestra costa. Es por ello que la necesidad de una Sanidad y Educación socialista se convierte en una consigna imprescindible. No podemos obviar el carácter de clase de estas instituciones que, en el capitalismo, acabarán por ser o bien servicios inservibles para nuestro día a día o, directamente, inalcanzables para la clase trabajadora.

Todo lo que gane la clase burguesa lo perderá la clase trabajadora. Una conquista para un empresario es una derrota para los trabajadores y viceversa. Esta contradicción sólo indica la necesidad que tienen los monopolistas de nosotros y, por tanto, marca el camino hacia la organización obrera y su máxima expresión: el Estado socialista.

 

¡O ellos o nosotros!

¡Por una Sanidad y Educación socialistas!

 

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del PCOE




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