“Andalucía no se rinde”: por la Andalucía, España y Humanidad burguesas

Se cuece un nuevo engendro oportunista en Andalucía, “Andalucía no se rinde”, vendida por sus promotores como un proyecto «soberanista, ecosocialista, feminista y de obediencia andaluza«. Cada vez tienen que rebuscar más entre los recodos del capitalismo con tal de no avanzar a la dictadura del proletariado, hacia el socialismo como primera etapa del comunismo.

Vienen a hacer retroceder una y otra vez a la clase obrera a movimientos propios de la pequeña burguesía, que en su ruina provocada por los monopolios no pretende avanzar hacia su colectivización (socialismo), sino al inicio del capitalismo, hacia un paraíso perdido que sólo existe en sus mentes románticas: una Andalucía soberana. Pero en el actual grado de desarrollo del capitalismo, en su fase imperialista, donde la oligarquía financiera internacional parte y reparte, ningún Estado-nación es ya soberano. En ese aspecto, para nada hablan de salirse de las instituciones imperialistas como la Unión Europea o la OTAN.

Repiten el mantra de la “soberanía” en abstracto, como si no hubiera unos andaluces ya bastantes soberanos que esclavizan a los jornaleros andaluces y extranjeros. Soberanos explotadores son los andaluces propietarios de los campos de frutos rojos en Huelva, o de los tomates de invernadero en Almería. Esos andaluces y andaluzas que sí son soberanos bajo el capitalismo, son internacionalistas y feministas a la hora de explotar, pues es preferible elegir a una jornalera marroquí analfabeta para ser mejor exprimida y sometida.

Vuelven estos oportunistas desde su gueto nacionalista, con su palabrería de yoguis, con flores de plástico y un mundo que sólo ven a través de una antena parabólica. Y es que la mayoría de ellos no ha dado un palo al agua en un tajo. Nada nuevo pueden ofrecer parlamentarias que les ven las orejas al lobo y que buscan un nuevo nicho electoral.

Promueven su revolución de “maceta” y “delantal” sin mencionar para nada el régimen de propiedad de la tierra y los medios de producción, la base del régimen capitalista, del que dicen querer emancipar a Andalucía. Así pasan de largo cuando mencionan una “reforma agraria” sin distinguir propietarios y proletarios, sin decir qué proponen hacer con los latifundios y los monopolios que parasitan el campo.

Y es que el nacionalismo, como bien expresa la oportunista Ángela Aguilera, ex de Izquierda Unida y Adelante Andalucía, lucha por los derechos de los “andaluces y andaluzas” en general. Con lo cual se deduce que luchan por los derechos de los caciques andaluces, los del campo andaluz, donde el sudor y la sangre del jornalero (andaluz o extranjero) riega las fértiles tierras andaluzas, bajo el régimen de propiedad privada, pequeña o grande.

Defienden también, por tanto, los derechos de los caciques andaluces de la ciudad, como la familia Manzanares que es dueña de Ayesa AT, donde se despide a trabajadoras embarazadas, se despide de manera masiva a los trabajadores con mejores condiciones para sustituirlos por aprendices universitarios baratos, y donde se reprime, violando derechos fundamentales, a los representantes sindicales de la Coordinadora Sindical de Clase que defienden los pocos derechos que les quedan a los trabajadores de dicha a empresa.

También se deduce de sus proclamas que lucharán por los derechos de los aristócratas sevillanos Benjumea, de honda tradición franquista, dueños de Abengoa, que exigen que el Estado español, a través de una filial luxemburguesa, les indemnice por la retirada de primas a las energías renovables. Todos unos patriotas, estos andaluces.

De ese interclasismo, de ese mezclar en el mismo barco a explotadores y explotados, propio del nacionalismo, emana también el feminismo, que pretende que las obreras se hermanen con las explotadoras como la sevillana Concha Yoldi, ama y dueña de Persán, donde los trabajadores se exponen a sustancias cancerígenas, o la presidenta de Navantia, la granadina Belén Gualda, cómplice de la esclavitud de los obreros de los astilleros de la Bahía de Cádiz, que se juegan la vida cada día para fabricar fragatas de guerra que usará la dictadura feudal islamista de Arabia Saudita para masacrar al pueblo de Yemen. Intervención imperialista, como las que han apoyado en Libia y Siria los Anticapitalistas, otro de los promotores de este movimiento nacionalista, a pesar de jactarse de defender la “paz y los derechos humanos”, y de ser “anti-imperialista”.

 

Las raíces materiales de los nacionalistas andaluces se corresponden con una pequeña burguesía desubicada de época, pues su imaginaria nación andaluza no se corresponde con una burguesía que pretendiera superar un régimen feudal, y por tanto en aquel contexto, sí era revolucionaria al promover el paso del feudo a la nación. Pero ahora, cuando ya se ha llegado al máximo desarrollo posible de la democracia burguesa que ya sólo puede avanzar hacia el fascismo, se convierten en una fuerza reaccionaria pues en lugar de avanzar a la siguiente etapa histórica que corresponde al Socialismo, pretenden congelar el desarrollo de las leyes de la sociedad humana con la formación socioeconómica propia de una burguesía que ya está en declive: la nación.

Frente al chovinismo interclasista, propio también del fascismo, los comunistas oponemos la unidad internacionalista de las clases obreras de todas las regiones y naciones, no oponiendo obreras a obreros, ni uniendo a obreras y explotadoras, sino uniendo a obreros andaluces, madrileños, vascos y catalanes y dirigiéndolos a la expropiación de sus explotadores andaluces, madrileños, vascos y catalanes.

Estos oportunistas y engaña-obreros tampoco mencionan el carácter fascista del Estado español, que junto el viraje reaccionario de toda la “comunidad internacional” y sus instituciones supranacionales como la Unión Europea, hacen inviable hoy el derecho de autodeterminación de cualquier nación (en caso de serlo) oprimida. Por tanto, para tumbar a ese Estado fascista español, enemigo común de todo el proletariado andaluz, madrileño, gallego, vasco o catalán, han de unirse todos ellos en torno a la lucha final.

La verdadera liberación de la clase obrera andaluza, el fin a la explotación y el yugo del señorito o del burgués andaluz, madrileño, vasco o catalán, sólo vendrá con la socialización de latifundios, minas, monopolios de sectores estratégicos como la industria, la banca, los seguros, la química, agricultura, transportes, o telecomunicaciones. Para eso es necesario estructurar y vertebrar desde abajo a la clase obrera, construyendo su Estado socialista, obrero y proletario, a través del Frente Único del Pueblo conformado por representantes directos emanados de asambleas en centros de trabajo, barrios obreros, cortijos y centros de estudio.

 

El nacionalismo y el feminismo son ajenos a la clase obrera

Sólo el internacionalismo y el comunismo liberarán a la clase obrera andaluza

Por el Frente Único del Pueblo

 

Secretaría Política del Comité Regional del PCOE en Andalucía




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